¿Por qué felicitar a las mujeres periodistas?

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Luis Cardona/diario19.com

 

Mike O´connor, un gran amigo, poco antes de morir, dos días  antes de la navidad de 2013, me endosó unas frases que rondan mi cabeza… “Luis, no son los mejores periodistas del mundo, de México, tal vez ni de sus estados; pero son fuertes, cabrones. Ya saben lo que les puede pasar, por qué lo vivieron y quedaron vivos, y siguen. Son fuertes; ¿y eso dónde se aprende?. Yo aprendo de ustedes…

El veterano periodista, de quién perdí el origen, siempre lo pensé “gringo”, él mismo así se ubicaba, no era un cualquiera, y conociendo a sus amistades más cercanas me doy cuenta de que los extranjeros periodistas en nuestro país, “se traen lo suyo”, unidos desde las guerras de guerrillas de Centroamérica y coberturas de otros lados del mundo, que al narrarlas se convierten en guiones fílmicos de mis sueños quebrados por el insomnio que no se va.

Pero bueno, hoy no se trata de hablar de Mike y sus amigos, sino de esas frases que de madrugada, un día antes que inicien los posicionamientos femeniles, orgullosos de tener un día en el almanaque como reivindicación de género, de esas frases, repito, que me pusieron a divagar al aplicarlas en mis amigas, y en quienes no lo son aún, pero que a través de sus textos admiro, por ser tan fuertes, de quienes aprendo, a quienes gozo amando en conciencia, por su arrojo y posterior temor, por sus verdades que desatan violencia en su contra, y al sentirlas cerca en un abrazo y besar sus manos, sabes que son tan humanas como cualquiera, con la diferencia de que son fuertes, y gritan cuando se sienten hartas, e increíblemente sensibles cuando las miras a los ojos y les dices que las amas, por que solo amor, puede salir de tu mente ante el compromiso en que se mueven. No serán las mejores periodistas del mundo, o si. De México o sus estados, o sí. Pero son fuertes, muy fuertes, demasiado fuertes.

Mi lista de mujeres periodistas fuertes a las que amo, debo iniciarla con una que en lo personal me roba el cariño, la admiración, con quien me identifico hasta los huesos, y vaya que tiene detractores, pero ninguno, y lo aseguro, puede decir que no es fuerte. Su figura menuda, crece como un monstruo cuando expresa su dolor por la injusticia. Pocos como ella le conocen tan cerca, un episodio le ha marcado la vida luego de arrancarle de tajo un pedazo del alma. Pero es fuerte, y en vez de arredrarse como cualquiera, comúnmente lo haría; se rebela, se prepara y emerge como una periodista de agallas, de esas que no se callan, y confiesa que su objetivo no era el periodismo, sino la literatura. Su pasión, ser escritora. Anabel Hernández. Una mujer periodista que admiro profundamente, por su fuerza. Porque es muy fuerte.

Como no hablar de otra periodista fuerte, que me acabo de enterar es veracruzana. La conocí en sus inicios, con el micrófono de cono que pegaba a una de aquellas “enormes cámaras de video VHS” -enormes por lo que captaban- de un lado a otro en la vieja unidad del canal 5 de Cd. Juárez. Exactamente esa televisora donde inició Tin Tán. Mi amiga entraba y salía de oficinas, en ese tiempo había que entregar muchas notas, y ya como un plus, “aventarse” un “reportajito” exclusivo, para matar las ansias. Hasta crecer, madurar profesionalmente, y ser una de las reporteras que más muertos han visto en su vida, sin estar en una guerra en Los Balcanes, en Irak, o Afganistán.

Es fuerte porque ha visto además morir compañeros que igual que ella urgaban en la oscura trama de las ejecuciones, los secuestros, las ráfagas. Testigo de las matanzas que aún hoy continúan en esa frontera que a unos asesina, a otros exilia, y a los fuertes como ella, los deja continuar para que sus letras se conviertan en historia. Madre, abuela, mujer fuerte. Admirable, como no amarle si no da un paso atrás nunca. Lucy Sosa.

Si pudiera escribir solo diez renglones de cada una de las mujeres  periodistas que amo por su entrega, su fuerza y vocación, tal vez escribiría un libro de grandes ventas, porque cada una de ellas lleva consigo una historia de convicción que difícilmente terminará antes de que dejen de respirar, y trascenderá porque ya está escrita.

Balbina Flores,  Rocío Gallegos, Vania Pigeonutt, Daniela Pastrana, Aranzaú Ayala, Margena de la O, Diana Manzo, Jazmín Gomez, Daniela Rea, Anabel Manzano, Mónica Lavin, Tracy Wilkinson, Kathy Corcoran, Ela Stapley, Jade Cuevas, Angeles Mariscal, Lydiette Carreón, Verónica Espinosa, Olga Casas, Sugeyry Romina, Elia Baltasar, Marcela Turatti, Sayda Chiñas, Mely Arellano, Alejandra Guillén, Elena Poniatoswka, Lucía Vergara, Regina Martínez, Carmen Aristegui, María Erika Márquez, Catalina Cortés, Andrea Medina, Adela Navarro Bell …

La verdad es que no terminaría en dos horas la lista. A algunas las conozco personalmente, a otras las he saludado, a otras las escucho en conferencias, en sus reportajes de audio o video, a otras por twitter, y a muchas por un Boot Camp propiciado por Anabel Hernández y Free press Unlimited, con la organización periodistas de a pie. Pero de todas conozco su tarea, se de su fuerza y entrega, las he escuchado gritar, como escuché de algunas sus lamentos. Pero todas, cada una de ellas, sin importar en qué lugar del mundo o México hagan su tarea, son Fuertes. No serán las mejores del mundo, de México o sus regiones, pero son periodistas, mujeres a las que amo y respeto, por quienes daría mi vida para siguieran demostrando su vocación.

Compañeras, saben que pueden contar conmigo.

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