Los bebés de la cocaína

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diario19.com / CONNECTAS / Cristian Ascencio

Foto: Edgard Cross Buchanan.

Cada mes, a siete recién nacidos en promedio, se les decretan medidas de protección en el Hospital Regional de Antofagasta, Chile. La mayoría son hijos de madres drogadictas que consumieron pasta base de cocaína hasta los últimos días de su embarazo.

Cuando Jocelyn nació casi no se movía. Ni los llantos de los otros lactantes la hacían reaccionar. Una niña muy tranquila, que parecía estar meditando su suerte.

Su madre la dio a luz y al otro día se fue. La vieron vistiéndose en la escalera del Hospital Regional mientras bajaba hacia la calle. No era la primera bebé que la misma mujer tenía en ese recinto.

Jocelyn nació en la incertidumbre. Hasta su nombre era momentáneo. Fue bautizada así por los funcionarios del hospital, pero sería cambiado por la familia que la adoptó después de pasar por un hogar de menores.

La mitad de los niños nacidos de madres drogadictas no ve más a su progenitora. En la otra mitad, las madres vuelven a visitarlos, pero en muchos casos van cortando el vínculo al pasar de las semanas, a medida que la adicción le gana terreno al instinto maternal.

Este artículo fue realizado por El Mercurio de Antofagasta y es republicado en CONNECTAS gracias a un acuerdo para compartir contenidos con este medio.

Parto y pasta

La droga más común entre las embarazadas adictas de Antofagasta –ciudad costera chilena en medio de la ruta del narcotráfico- es la pasta base. La “pasta” es el residuo de la cocaína, procesada con solventes como parafina o ácido sulfúrico. Una dosis se puede adquirir en Antofagasta por 80 centavos de dólar. Más barato que una botella de medio litro de agua.

Es común que la madre asegure que dejó la droga después de quedar embarazada, pero los test realizados en el hospital dan cuenta que en la mayoría de estos casos, siguieron consumiendo frecuentemente durante la gestación. “Hemos recibido pacientes que evidentemente fumaron pasta base horas antes o que han llegado drogadas al parto”, explica la asistente social del hospital Loreto Escobar.

La profesional fue cuidadora hace unos años de una recién nacida hija de drogadicta.

Abandono de bebes en el hospital. (Foto: Edgard Cross Buchanan).

“En ocasiones sabemos de embarazadas que son drogadictas porque antes ya han estado en el hospital. Esos casos no son poco frecuentes: mujeres consumidoras que cada cierto tiempo vienen a tener hijos y luego se escapan, como el caso de la mamá de Catalina (no es su nombre real). Hay algunas que han tenido 5 ó 7 hijos”, relata la profesional.

Loreto voluntariamente se hizo cargo durante tres meses de darle la mamadera y -sobre todo- cariño a Catalina, como una forma de fomentar el afecto. “Ella era una pequeña exquisita, gordita. Uno ve a otros niños muy dañados, pero ella estaba bien de salud. Me dolió mucho cuando finalmente se fue a un hogar de menores. Se te puede venir la idea de seguirle la pista, pero es complejo”.

La experiencia dejó tan marcada a Loreto, que nunca más pudo ser cuidadora de otro recién nacido abandonado. Además, actualmente los procesos en el tribunal se han agilizado y en promedio los niños permanecen menos de un mes en el hospital, por lo cual prácticamente no se requieren de cuidadores.

Lo que sí ha vuelto a ver la asistente social, es a mujeres adictas teniendo un nuevo parto. “Hay un deterioro tanto de la mamá como del bebé. El primer hijo hace 10 años nació en mejores condiciones que el último. La mamá tiene menos calcio, está más flaca, más cadavérica y el bebé también nace en peores condiciones”.

Cuando hay sospechas sobre que la madre de un recién nacido tuvo consumo de drogas durante el embarazo, al bebé se le efectúa un screening de orina. Si da positivo, los antecedentes son enviados al Tribunal de Familia para que se decreten medidas de protección. El niño queda a cargo del hospital hasta que la Justicia resuelve si ingresa a un hogar de menores y, dependiendo del caso, incluso se puede decretar una orden de alejamiento hacia la madre.

A la vez, se suspende la lactancia materna y se trata el síndrome de abstinencia.

La neonatóloga del hospital, Jaqueline Urquieta, explica que hay un score que indica ciertos síntomas que puede tener el niño. “Hay síntomas sutiles, como que esté muy tranquilo o al revés, muy irritable”.

Cariñoterapia

La kinesióloga Camila Córdova, del programa Chile Crece Contigo, cada mañana efectúa masajes a los niños con medidas de protección. Es uno de los contactos afectivos más importantes que ellos tienen en sus primeros días de vida. “Me dicen que lo que hago es cariñoterapia”, explica sonriendo mientras sostiene a un bebé muy pequeño que nació la noche anterior. “Él también está con protección y aún no tiene nombre”, añade. En la ficha del menor está escrita la sigla N.N y un apellido.

La kinesióloga Camila Córdova, con uno de los niños con medidas de protección. (Foto: Edgard Cross Buchanan).

La idea del programa, dice Córdova, es “equiparar las oportunidades para todos los niños desde que nacen y por eso se les intenta entregar el afecto que no están recibiendo de sus padres”.

Según la kinesióloga, las secuelas del consumo de drogas durante el embarazo son más visibles a largo plazo, aunque al principio lo más común es el síndrome de abstinencia. “Niños alterados, que lloran mucho… se logra calmar esa parte, pero inevitablemente el neurodesarrollo se ve afectado. Se va a detectar recién cuando vayan al colegio. A veces también son niños extremadamente tranquilos que nacen como drogados”, explica.

Para superar la abstinencia, en algunos casos los bebés requieren de pequeñas dosis de ansiolíticos, comenta una matrona, aunque recalca que “lo principal es la contención, tratamos de tomarlos más porque están la mayor parte del tiempo solos”.

Más frecuente de lo que se cree

De los 9 niños que están internos actualmente en la sala de Neonatología del Hospital Regional, 7 tienen medidas de protección decretadas por el Tribunal de Familia y casi todos son hijos de madres que consumieron drogas durante el embarazo. Esta es la cifra promedio durante el año. “Se va uno a un hogar y nace otro, siempre tenemos entre 4 y 10 casos de niños que están acá con medidas de protección por diferentes razones, pero la principal es drogas”, dice la asistente social de Pediatría y Neonatología Mirtha Bustamante.

Mirtha agrega que no se suspende el vínculo a menos que el tribunal lo ordene, e incluso se trata de fomentar. “Las madres pueden venir a alimentarlo y bañarlo. Hay algunas que tienen el bebé, se van y no vuelven más. Otras, un porcentaje menor, tienen intenciones de tratarse y vienen a ver a sus bebés, pero de ese porcentaje, hay varias que en el camino desisten. Lamentablemente la mayoría de las historias son de las que escapan, como el de la mujer que se fue vistiendo por la escalera. Probablemente se fue por la ansiedad de fumar pasta base, incluso se fugó con la camisa del hospital. Nunca más volvió”.

El destino inmediato más probable de los niños con medidas de protección es un hogar de menores.

Patricia González es presidenta de la Fundación Laureles, que recibe a parte de estos bebés. “Son vulnerados desde el nacimiento, así que acá se les da mucho cariño, se les cuida. Vienen generalmente con bronquios y pulmones inmaduros, tienen problemas para respirar, muy bajo peso, algunos bastante pequeños. Muchos nacieron prematuros”, afirma.

Además del cuidado, la fundación realiza la búsqueda de parientes que se puedan hacer cargo de los niños. “El equipo del hogar les hace cursos de habilidades parentales. Si se evalúa que la familia está en condiciones de recibir al niño, se les entrega. Se privilegia a la familia por sobre la adopción”, sostiene Patricia.

Según sus estadísticas, el 30% se va en adopción y el 70% con familiares.

Asegura haber visto cambios esperanzadores con estos niños. “De venir de una situación sumamente vulnerable, a crecer en un ambiente de felicidad. Es lo que da sentido a todo esto. Generalmente las familias adoptivas son incluso sobreprotectoras con los pequeños. Es una necesidad mutua entre padres que habían estado mucho tiempo intentando tener hijos y estos niños cuyos padres biológicos los dejaron”.

Pero también hay casos en que todo el cariño del mundo no es suficiente. “Un niño llegó en muy mal estado, apenas respiraba, había nacido prematuro. Lo cuidamos mucho. Al mes estaba más gordito, más grande, se puso hermoso, se veía sano… a los tres meses tuvo una muerte súbita. Fui a hablar con los profesionales del Servicio Médico Legal, yo lloraba, estábamos todos mal. La doctora que lo atendió me abrazó y me dijo ‘No llore más, ustedes le dieron más tiempo de vida que el que iba a tener’. El niño venía con los pulmones y bronquios muy inmaduros. Esas cosas a veces uno las calla, pero tal vez es bueno decirlas. A veces uno encuentra estas madres reventadas por la droga y sabe que ese niño nacerá tan frágil”.


La presente entrega de esta investigación fue escrita por Cristian Ascenso de El Mercurio de Antofagasta (Chile).  La entrega  de esta nota puede verla AQUÍ.
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