Desaparecieron 43 jóvenes, murieron seis personas y fueron heridas otras 24 / Un año de la masacre

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diario19.com / Blanche Petrich / La Jornada

 

Los testimonios de los estudiantes de la Escuela Normal Rural Isidro Burgos, que estuvieron atrapados en los ataques del 26 de septiembre, recogidos en el informe Desde las trincheras de Ayotzinapa, la defensa por la educación y la vida de los hijos del pueblo, dan cuenta de los últimos momentos en los que vieron vivos a los normalistas de quienes esa noche se perdió el rastro, golpeados, algunos sangrando y todos sometidos por hombres armados.

Entre los agresores había policías municipales de Iguala y Cocula y hasta la fecha se espera poder determinar el grado de involucramiento del Ejército. En esos incidentes desaparecieron 43 jóvenes, murieron seis personas y fueron heridas otras 24.

Así lo cuenta Jonathan Maldonado, que estaba en el autobús Estrella de Oro donde viajaban la mayoría de los jóvenes que a la fecha siguen ausentes. Maldonado resultó herido y perdió cuatro dedos de una mano por los disparos:

“Yo iba en el tercer autobús, ya casi al llegar a periférico norte me bajé. Llevaba un extinguidor e intenté tirárselo a los policías, pero en el intento me dispararon destruyéndome casi todo el brazo derecho, como pude y sacando todas mis fuerzas me subí de nueva cuenta al autobús. Un compañero me puso un trapo en la mano para detener un poco el sangrado, al tiempo que las balas seguían. Poco después nos bajaron del autobús. A todos nos decían: ‘a ver, hijos de la chingada, bajen con las manos en la nuca’, a todos nos acostaban en el piso frente a una tienda mini Aurrerá que está en ese lugar.

Vi cuando mi compañero Bernardo Flores Alcaraz bajó con la cara ensangrentada, le ordenaron que se tirara en el suelo, pero no obedeció la orden y de inmediato le pegaron con la culata del arma en el estómago hasta que cayó en el piso. Esos fueron los últimos momentos que vi a mis compañeros, porque a mí me dijeron que me subiera a una ambulancia, ya que mi brazo sangraba y me llevaron a un hospital. Todos los que iban en ese autobús están desaparecidos.

En esta relatoría, explica el documento del el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan –recogido en un libro de 262 páginas–,no se busca dar respuestas a lo sucedido con los normalistas ni generar tesis sobre el caso.

Para ello, se aclara, esperan el contenido del reporte final del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes.

Parte de las narraciones de los estudiantes que estuvieron presentes en los distintos escenarios de la agresión policiaca y de sicarios de la región en Iguala fueron recogidas por el Centro Regional de Derechos Humanos José María Morelos y Pavón, el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez y Tlachinollan.

En este relato a varias voces consta el trayecto de los jóvenes normalistas de primer grado desde que salieron de su escuela en Tixtla a bordo de dos autobuses Estrella de Oro que habían tomado a las seis de la tarde. Eran cerca de 90 muchachos. En esa ocasión la tarea de botear y conseguir más vehículos para poder acudir a la marcha por el 2 de octubre en la ciudad de México recayó en los estudiantes de primero porque en días anteriores ya se habían movilizado los de segundo, tercero y cuarto.

Narran cómo al encontrar llena de patrullas la terminal de autobuses de Chilpancingo se dirigieron directamente a Iguala. Uno de los autobuses se apostó en el crucero de Huitzuco y el segundo se dirigió a la caseta de cobro en la entrada de Iguala. Los que estaban en el crucero detuvieron un autobús de la empresa Costa Line. El conductor accedió a dejarles el autobús después de pasar por la terminal para que los pasajeros que iban a bordo llegaran a su destino. Nueve o 10 jóvenes acompañaron ese trayecto. Sin embargo, ya en la terminal de Iguala, el chofer descendió después de los pasajeros y encerró adentro a los de Ayotzinapa.

El camión Estrella de Oro que estaba en la caseta acudió en su auxilio. Cuando finalmente lograron salir del autobús, los muchachos tomaron tres autobuses más, un Estrella Roja y dos Costa Line.

Pasaba de las ocho de la noche cuando los cinco autobuses abandonaron la terminal. Un Costa Line y un Estrella de Oro que avanzaron sobre la avenida Galeana-Juan Álvarez fueron los primeros en ser atacados cuando equivocaron la ruta y en lugar de salir hacia el sur, hacia Chilpancingo, se dirigieron al norte. Una patrulla les cerró el camino. Varios estudiantes se bajaron a intentar moverla, entre ellos Aldo Solano Gutiérrez, quien desde esa fecha permanece en coma por el impacto de una bala en la cabeza.

El resto del convoy regreso para buscarlos.

Refieren: Varios policías se colocaron en posición de tiro parapetándose en diversos puntos estratégicos. Cuando varios comenzaron a mover la patrulla para abrirse paso, los policías empezaron a disparar a matar. De inmediato vieron cómo se desvaneció Aldo y cayó herido, sangrando abundantemente. Sus compañeros pensaron que estaba muerto y de inmediato se retiraron refugiándose en medio de los dos autobuses Costa Line.

Varios estudiantes más fueron heridos. Media hora después llegó una ambulancia que se llevó a Aldo.

Los jóvenes parapetados entre los dos autobuses Costa Line, refiere el informe de Tlachinollan, “observaron cómo policías armados forzaban a sus compañeros a descender del tercer autobús con las manos en la nuca, a la vez que los golpeaban y amenazaban diciéndoles que los iban a matar; posteriormente los acomodaron en filas en el piso con las manos detrás de su cabeza. Instantes después fueron subidos en las patrullas de la policía municipal y se los llevaron, uno de los policías dijo a los estudiantes que quedaron en ese lugar ya nos vamos y ustedes también váyanse porque si no vamos a regresar por ustedes, cabrones.

Desde entonces se desconoce el paradero de esos 43 jóvenes estudiantes de Ayotzinapa.

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