Activista asesinada en Guaymas en ataque al Palacio Municipal era hija de un elemento de la Marina

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Reflexiones

Por Luis Cardona

 

El Secretario de Marina de México, José Rafael Ojeda, informó que en el ataque armado al palaco municipal de Guaymas, Sonora, dirigido contra el secretario de Seguridad Pública, murió una activista, que era hija de un elemento de la Marina; la balacera ocurrió durante una protesta contra la violencia machista en las afueras del Palacio, que dejó tres muertos y dos heridos, entre ellos además un escolta la Alcaldesa y uno de los sicarios.

La inseguridad ha crecido demasido en Sonora, estado mal gobernado por el morenista, íntimo amigo de López Obrador, Alfonso Durazo, ex jefe del gabinete de Seguridad Nacional, donde su actuación fue sumamente pobre, y en su estado ahora demuestra que quien realmente gobierna es la delincuencia organizada que «hace y deshace» ante la mirada de la autoridad, resaltando la colusión y corrupción de las instituciones de seguridad que permiten matar gente a diestra y siniestra.

Desafortunadamente la mujer asesinada era hija de un Marino, activista de los derechos de la mujer, precisamente en la protesta contra los crimenes que se cometen en Sonora contra las mujeres, estado con una de las tasas más altas de feminicidios, homicidios, desapariciones, extrorsiones, amenazas y agresiones a la población, que Durazo trata de confundir con discursos insulsos, que no frenan la violencia diaria que enfrenta el pueblo.

Durante la conferencia mañanera, de López Obrador, el almirante Ojeda detalló que la activista fallecida tenía 18 años y se llamaba Marisol Cuadras. Una más, exactamente el día en que se exigia, que ya no hubiera «ni una mujer asesinada más».

La apatía de Durazo es notoria, para acabar con la delincuencia sobre todo al sur de Sonora, donde huachicoleros, narcotraficantes y tratantes de mujeres caminan por las calles sin ser molestados, y en sus enfrentamientos por el control de la subcultura del terror, asesinan a cualquiera. El asesinato de la hija del marino es un ejemplo de esto.

El país entero se ha convertido en un polvorín, y en cualquier estado resalta la violencia, sin que la estructura de seguridad funcione. las mesas de seguridad diarias, incluyendo las de Andrés Manuel, son un fracaso, la política de abrazos, no balazos, es letra muerta. Los abrazos de Andrés Manuel, son la muerte para el pueblo. La indolencia en este sentido del Presidente de la República es palpable, siempre buscando culpables a su inacción, a su torpe idea de sensibilizar al criminal, abrazando a la madre del Capo, y permitiendo la indefensión de la población.

Ya basta. Ahora sale a la palestra Luis Crescenio Sandoval, secretario de la defensa nacional, a discursar, también, prometiendo cuarteles, aquí y allá, regañando a Gobernadores, cuando no es esa su misión; cuando voltea para otro lado y permite la que delincuencia organizada trabaje sin problema y asesine inocentes. La militarización del país, no va dirigida a pacificarlo, sino a mantener el control de las actividades ilicitas. Las fuerzas armadas, no defienden al pueblo, la guardia nacional, obedece a otros intereses, menos a mantener en paz a la nación.

Los militares en la calles, son una siniestra forma de control.

Andrés Manuel aplaude y cobija a sus «ahijados», Monreal en Zacatecas y Durazo en Sonora, par de mequetrefes, chapulines políticos, representantes de grupos de intereses muy diferentes a los pueblo.

Qué Pais!

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