M.H Reidezel Mendoza S.
A principios del siglo XVIII, al fundarse lo que hoy es la ciudad de Chihuahua, ya existían algunos núcleos de población en la región.
En marzo de 1652, el capitán Diego del Castillo había hecho el denuncio de una mina y del ojo de agua de Tabalaopa para establecer una hacienda de beneficio de metales en “la región conocida como Chiguagua” -actualmente Santa Eulalia- y, por primera vez, dicho nombre quedó asentado en un documento. Sin embargo, la campaña contra los indios rebeldes lo obligó a abandonar su empresa y murió al año siguiente.
En 1678 existía un asentamiento de indios conchos en lo que hoy es Nombre de Dios, y el gobernador de la Nueva Vizcaya había reconocido su presencia, nombrando al capitán Juan de Portillo “protector de los naturales.” A fines del siglo XVII, la hacienda de Tabalaopa fue titulada a la familia Apresa y Falcón que, en 1718, pasó a ser propiedad de la Compañía de Jesús.

En agosto de 1687 Antonio Rodríguez denunció una rica veta de plata a la que denominó San Bernabé. La riqueza de las minas atrajo a una gran cantidad de población y, en menos de un año, 13 de enero de 1688, se constituyó la alcaldía mayor de Santa Rosa de Cusihuiriachi.
En 1697 los misioneros franciscanos Alfonso Briones y Jerónimo Martínez visitaron las rancherías indígenas asentadas en las márgenes de los ríos Chuvíscar y Sacramento, y fundaron allí mismo la misión de San Cristóbal de Nombre de Dios. Posteriormente los misioneros establecieron los pueblos de visita indígenas de San Antonio de Chuvíscar, San Juan Bautista del Norte y San Jerónimo (hoy Ciudad Aldama).
A inicios del siglo XVIII, antes de que en los inhóspitos montes de Santa Eulalia se descubrieran vetas de plata, las llanuras cercanas estaban escasamente pobladas, con algunas rancherías indígenas, misiones y haciendas esparcidas en un amplísimo territorio. El 20 de junio de 1678, el capitán Diego Cano de los Ríos había recibido una merced de caballerías y sitios de ganado mayor, cuyas tierras comprendían la zona donde el Chuvíscar desemboca en el Sacramento. Los poco habitantes de la zona se dedicaban a la agricultura y a la ganadería, y eran frecuentemente hostilizados por grupos de indios hostiles.
En 1707 se estableció el pueblo de indios de San Jerónimo, y en 1716, Santa Ana de Chinarras.

Bartolomé Gómez, vecino de Cusihuiriachi, había hecho el primer denuncio de una mina en la región, el cuatro de noviembre de 1702, a la que llamó San Pedro de Alcántara, punto conocido actualmente como El Cobre, al poniente de la hacienda de Tabalaopa. Dos años después, Juan de Dios Barba y Cristóbal Luján denunciaron la mina San Francisco de Paula, al oriente de la hacienda de Tabalaopa, y así nacería el Real de Santa Eulalia de Chiguagua. En 1705, Luján descubrió otra veta, a la que denominó Nuestra Señora del Rosario y, en 1707, en un punto conocido como La Barranca, junto con su socio Barba, abrió la mina de Nuestra Señora de la Soledad, también conocida como La Descubridora. Dicha mina desencadenó la fiebre del oro, pues muchos mineros de Cusihuiriachi y de otras regiones emigraron a Santa Eulalia en busca de riquezas.
Para esa época, Santa Eulalia pertenecía a la alcaldía mayor de Cusihuiriachi y los tenientes administrativos residían en Nombre de Dios y en la hacienda de Tabalaopa.
Con los años, el agua para tratar el mineral resultó insuficiente, lo que provocó el desarrollo de dos centros de población, uno en La Barranca, cerca de las minas de Santa Eulalia, y el otro cerca de la llamada Junta de los Ríos, en la confluencia del Chuvíscar y el Sacramento, donde se establecieron numerosas haciendas de beneficio.

Debido al incremento de la población en el nuevo centro minero, en enero de 1708, el gobernador y capitán general de la Nueva Vizcaya José Fernández de Córdoba creó la Alcaldía Mayor del Real de Minas de Santa Eulalia de Mérida nombrando a su primer autoridad, el general Juan Fernández de Retana, capitán del presidio de San Francisco de Conchos. Éste, en una gira que hizo a su nueva jurisdicción, consideró el problema de dónde ubicar la cabecera administrativa, escogiendo para ello un lugar cercano a la Junta de los Ríos, pero falleció antes de llevarlo a cabo en febrero de 1708.
A mediados de ese año, don Antonio de Deza y Ulloa fue nombrado gobernador y capitán general de la Nueva Vizcaya. En 1709, a petición de los vecinos del Real de Santa Eulalia, decidió visitar la localidad para ayudarlos a decidir dónde fundar la cabecera, pues la población se incrementaba y no había espacio ni agua suficiente.
Después de haber recorrido la región, Deza y Ulloa propuso a los vecinos trasladar el centro de la población a la confluencia de los ríos Sacramento y Chuvíscar, donde no faltaría el agua. Sin embargo, había desacuerdo entre los mineros pues había quienes deseaban que la cabecera se construyera en las colinas de Santa Eulalia, cerca de las minas, y los dueños de las haciendas de beneficio insistían en que el mejor lugar era en las cercanías de sus establecimientos, a 25 kilómetros de allí. El cinco de octubre de 1709, el gobernador convocó a una asamblea general en Santa Eulalia para que los vecinos presentaran por escrito sus proposiciones. Participaron en aquella reunión 16 vecinos, de los cuales siete votaron por la fundación en la Junta de los Ríos, ocho en Santa Eulalia e Ignacio Rodríguez Gallardo cedió su voto al gobernador.
Los vecinos que votaron en favor de la Junta de los Ríos fueron: José García Valdéz, Juan Antonio Trasviña y Retes, Bartolomé Ortiz y Campos, Andrés Facundo Carbonel, Juan Mathías de Anchondo, Blas Cano de los Ríos y Eusebio Ramírez Calderón. Los que votaron a favor de Santa Eulalia fueron: Nicolás Cortés de Monroy, Francisco Álvarez de Arcila, Nicolás Estrada Bocanegra, Lázaro de Baigorri, Juan Domínguez de Mendoza, Antonio de Montes y Francisco Barrientos y Pardiñas.
Los vecinos que se inclinaban por la Junta de los Ríos alegaron la disponibilidad de abundante agua, la mayor conveniencia de vivir a lo largo del río y la ventaja de que la nueva población no quedara lejos de Santa Eulalia. Los que votaron por Santa Eulalia afirmaron que la mayoría de la población ya estaba asentada en las cercanías de las minas y que un mayor número de habitantes era la única protección contra los ataques de los indios hostiles; además, los mineros y trabajadores perderían mucho tiempo en trasladarse hasta la cabecera si ésta se localizaba a la orilla del río.
El gobernador Deza y Ulloa, después de considerar las razones de ambos bandos, emitió su decisión en un documento firmado el 12 de octubre de 1709, fallando a favor de la Junta de los Ríos, pues cumplía con todos los requerimientos de las reales ordenanzas de 1573, respecto a la fundación de nuevos centros de población: la cercanía a las riberas de un río, un valle rodeado por colinas, un lugar de clima templado, suficientes pastizales y bosques disponibles para disponer de leña y carbón, y una posición defendible.
La nueva cabecera adoptó el nombre de El Real de San Francisco de Cuéllar. El nombre de Cuéllar era en honor al virrey que por entonces gobernaba la Nueva España, marqués de Cuellar, y el de San Francisco, por fray José Zamora, el primer franciscano que habitó la región. Los primeros 43 vecinos (jefes de familia y propietarios) se asentaron ese mismo año y construyeron sus casas y haciendas de beneficio en la nueva localidad, dejando en Santa Eulalia las minas y las casas que ya existían allí. La primera población estaba compuesta de españoles, mestizos, mulatos, indios y una mínima cantidad de negros.
En el año 1718, la localidad recibió de la Corona el título de villa, con el nombre de San Felipe el Real de Chihuahua, que conservó hasta 1823, cuando fue elevada a la categoría de ciudad, y renombrada únicamente como Chihuahua.
El componente de indios, según los registros eclesiásticos, en el Real de San Francisco de Cuéllar y su jurisdicción, entre 1709 y 1718, era el siguiente:
- Sonoras: 154
- Tarahumares:74
- Apaches: 46
- Pananas: 20
- Sinaloas: 19
- Yaquis: 13
- Indios del Nuevo México: 8
- Indios mexicanos: 7
- Yutes: 7
- Julimes: 4
- Conchos: 3
- Pimas: 3
- Indios del norte: 2
- Mansos: 2
- Jumanos: 2
- Tiguex: 2
- Piros: 1
- Chinarras: 1
- Yumas: 1
FUENTES:
Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Chihuahua
Isabel Sen Venero, Historia de Chihuahua, Centro Librero La Prensa, Chihuahua, 2004.
Jesús Lozano, (edit.) Chihuahua, ciudad prócer, UACH, Chihuahua, 1959.
Phillip L. Hadley, Minería y Sociedad en el centro minero de Santa Eulalia, Chihuahua (1709-1750), FCE, México, 1979.
Salvador Treviño Castro, El real de minas de San Francisco de Cuéllar de Chihuahua 1709-1718, Instituto de Cultura de la Ciudad de Chihuahua, UACJ, Chihuahua, 2009.
Salvador Treviño Castro, Del Chihuahua Colonial, Centro de Estudios Regionales, Chihuahua, 2000.








