¡Ayúdenme, me están violando! / La cuota: 100 dólares / Chiapas, Migrantes, Zetas… Honduras

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Rodrigo Soberanes / dia20140227_163829rio19.com

 

Corinto, Honduras.- Un mal día de febrero de este año, en Palenque, Chiapas, un grupo de migrantes huía de Los Zetas y trataba de refugiarse en las oficinas del Instituto Nacional de Migración (INM). Rogaban que los dejaran entrar mientras veían como ultrajaban a una chica hondureña dentro de un autobús “de primera clase”, en la calle.

Dos días después, el 27 de febrero, una joven madre soltera que atestiguó ese episodio, lo contaba desde Corinto (frontera Guatemala-Honduras) en una base de la Cruz Roja donde los migrantes recién deportados son atendidos. “No podíamos hacer nada”, decía en llanto.

Ella, que no reveló su identidad, estuvo a nada de ser llevada a un prostíbulo porque “Los Zetas” le habían pedido ya cuota de 100 dólares para seguir su viaje desde Palenque hacia el centro del país. “Es lo más horrible. No recomendado que la gente se vaya para allá”, sentenció la muchacha.

Un hombre de unos 45 años de edad observaba el contingente de jóvenes recién bajados de un autobús mexicano que recogían su raquítico equipaje. Todos exclamaban algo, todos contaban alguna atrocidad, todos estaban recién deportados, y algunos decidieron regresar en ese momento haca México.

Ese señor, Javier Hernández, tenía un semblante alegre antes de llegar. En Puerto Cortés, contaba desde un restaurante con la barriga llega que él emigró cinco veces hacia Estados Unidos en su juventud y que nunca tuvo un incidente grave.

“Yo siempre iba dejando huella y con calma, sin prisa”, explicaba, y narraba cómo en cada punto donde pasaba -incluyendo la ciudad de Veracruz- procuraba hacer amigos, trabajar un tiempo y llegado el momento, seguir su camino con la garantía de poder volver, tranquilo, sobre sus pasos.

Pero lo que vio y escuchó en Corinto horas después, lo dejó perplejo y lo actualizó sobre lo que pasa en la ruta migratoria.

“Nos separamos en el parque lleno de gente. De uno en uno nos fuimos alejando hasta que todos nos quitamos del lugar y después nos fuimos a Migración a entregarnos. Había un bus vacío. Se paró enfrente, una chava adentro gritaba”.

Después de algunas pausas para controlar el sollozo, la joven hondureña siguió:

“¡Por favor ayúdenme, no me dejen aquí, me están violando!”, se escuchaba desde dentro de ese autobús, según relató.

Y mientras eso ocurría, un empleado del INM les advertía que si los dejaba entrar, podían pasar hasta 20 días “presos”…”¡no importa que sea toda la vida!”, le suplicaban los jóvenes, tratando de salvarse.

Una vez adentro -dijo- un policía les preguntó si la chica del autobús era su paisana. “Es que la violaron varios”.

 

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