Aquí puedes consultar el análisis del Contexto de su desaparición.
VERSIÓN PÚBLICA, ANÁLISIS DE CONTEXTO CLAUDIA URUCHURTU
El caso de desaparición forzada por motivos políticos en Oaxaca más sonado es el de Claudia Uruchurtu Cruz, una mujer de 48 años de edad. Antes de ser desaparecida en Nochixtlán, su lugar de residencia en la región mixteca del estado, documentó y denunció la corrupción en el gobierno municipal encabezado por la alcaldesa Lizbeth Victoria Huerta.
La noche del 26 de marzo de 2021 Claudia participaba en una manifestación en la plaza central de Asunción Nochixtlán. Al terminar, tres hombres liderados por un sujeto apodado EL Centinela, del equipo de la alcaldesa de Nochixtlán la forzaron a subir a una camioneta roja. Ya cumple un año desaparecida.
Elizabeth Uruchurtu Cruz explicó que su hermana Claudia había documentado el desvío y malversación de fondos del gobierno municipal, durante la administración de Lizbeth Huerta, quien en 2021 hacía campaña para reelegirse en el cargo. Huerta, íntima amiga del Candidato, hoy, de Morena a Gobernar Oaxaca, a quien se señala como su protector, y quien habría solicitado al Fiscal Peimbert, congelar la investigación en contra de la Morenista alcaldesa.
La historia
Claudia había regresado a Oaxaca luego de visitar a sus hermanas en el Reino Unido en 2018. Volvió con el propósito de votar por Andrés Manuel López Obrador en las elecciones presidenciales.
“Le dijimos: ‘Quédate, ya va a empezar el verano’ –recuerda Elizabeth–. Nos dijo que no, que ella se tenía que regresar porque López Obrador estaba de candidato y tenía que ir a votar, porque una vez que llegara López Obrador las cosas iban a cambiar”.
El primero de julio de 2018, Lizbeth Victoria Huerta fue electa presidenta municipal de Asunción Nochixtlán a través de la coalición Juntos Haremos Historia (Morena, PT y PES). Era la primera vez que una mujer ocupaba la presidencia municipal y la primera vez que Nochixtlán era gobernado por un partido diferente al PRI.
Pero poco cambió. Cuenta Elizabeth: “Cuando empieza la nueva administración y Claudia se da cuenta de que, en lugar de que estén invirtiendo el dinero en mejorar el pueblo se lo están gastando en pendejadas, ahí empieza la denuncia…”
Claudia detectó que, con la llegada de Victoria Huerta al gobierno municipal, sus familiares estrenaron motocicletas, otros recibieron cargos públicos y la misma alcaldesa adquirió un reloj valuado en más de 160 mil pesos, entre otros lujos.
Claudia acudió a los tres niveles de gobierno para denunciar los hechos: presentó quejas ante el Órgano Interno de Control del Ayuntamiento de Nochixtlán, la Secretaría de la Contraloría y Transparencia Gubernamental, el Órgano Superior de Fiscalización del Estado de Oaxaca, al Congreso del Estado de Oaxaca, la Secretaría General de Gobierno de Oaxaca, la Secretaría de Gobernación federal y la Fiscalía General de la República, entre otras instancias. Nadie le respondió satisfactoriamente.
“Claudia nunca caracterizó su trabajo como activismo porque, en su pensar, toda la gente debería de estar luchando por sus derechos. Ella, simplemente, lo veía como su deber, como algo que cada uno debería estar haciendo para mejorar las condiciones en las que vives”, cuenta su hermana.
“Yo creo que, ahí, lo que pasó es que empezaron a ponerle presión al municipio por la cuestión de las auditorías. Llegó un momento dado en que las autoridades municipales decidieron que Claudia era muy incómoda”.
La alcaldesa Lizbeth Victoria Huerta fue detenida el 7 de mayo de 2021, junto con dos de sus colaboradores cercanos, acusados de la desaparición forzada de Claudia Uruchurtu. Otras dos personas fueron detenidas el 22 de julio del mismo año.
Elizabeth advierte que esto es inédito, en comparación con la impunidad que prevalece en el resto de los casos de desaparición en Oaxaca. Respecto del caso se han pronunciado la Oficina en México del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ONU-DH), el Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU, Amnistía Internacional y parlamentarios del Reino Unido.
“Hemos tenido un acceso a las autoridades que no toda la gente tiene. Es, realmente, lamentable que tenga que ser así”.
Pese a todo, Claudia Uruchurtu sigue desaparecida.
El día en el que Claudia Uruchurtu desapareció era viernes. Viernes 26 de marzo de 2021.
Por la mañana había estado en la Ciudad de México, pero sus vecinos de Asunción Nochixtlán le avisaron por Whatsapp que se acababan de llevar preso a uno de ellos, dueño de la ferretería local, por intentar cobrar un adeudo a las autoridades municipales encabezadas en ese momento por Lizbeth Victoria Huerta.
Claudia tenía cuatro años denunciando la corrupción en el gobierno municipal, así que volvió a Oaxaca y, a las 22:00 horas, acudió a la concentración organizada por la gente del pueblo, frente al ayuntamiento, para exigir la liberación del comerciante detenido.
Junto a algunos amigos, Claudia acompañó la protesta hasta que comenzaron a darse confrontaciones físicas entre policías y manifestantes. Por eso se separó del grupo.
Se alejó de la vista de las personas que la conocían.
Claudia llegó en 2014 a Nochixtlán, a los 43 años de edad, en compañía de su hijo menor de edad, para cuidar y acompañar a su madre y a la abuela Mercedes, quien en ese entonces aún vivía.
La abuela tenía unos terrenos en el pueblo y designó a Claudia como encargada de trabajarlos. Así fue como empezó a indagar la forma en que se administraban las tierras comunales en ese municipio, y como se percató de que “había un mal uso de poder, impresionante” en materia agraria, dice Sara, ya que los mismos líderes comunales chantajeaban y sobornaban a las demás personas de la comunidad para permitirles el acceso a la tierra.
Claudia, junto con otras personas de Nochixtlán, empezó a denunciar el mal manejo de los comuneros. Reclamó su derecho a esas tierras, sembrándolas. Y cuando los líderes comuneros destruyeron su cosecha, llevó su reclamo al plano judicial.
Esa fue la primera lucha de Claudia en Nochixtlán. Pero en 2017, una de mayor urgencia se impuso en su vida. La lucha por su salud. Sin embargo logró salir adelante de la enfermedad y fue a visitar a sus hermanas al Reino Unido.
Claudia era coherente entre lo que hacía, lo que decía y lo que buscaba. En eso, cuentan sus hermanas, se basaba su sentido de la justicia. Además, “era una idealista” que depositaba sus esperanzas en el proyecto de nación que prometían Andrés Manuel López Obrador y su partido, Morena.
Por eso, aunque apenas tenía un par de meses en Inglaterra, Claudia decidió volver a México en 2018, para participar en el proceso electoral en el que López Obrador contendería por la Presidencia de la República.
Era mitad de junio y el verano estaba por iniciar. Sara y Elizabeth intentaron convencerla de quedarse más tiempo con ellas, pero Claudia se negó.
“Dijo que no, porque tenía que regresar a México. Tenía que regresar para votar por Obrador… Ella, realmente, pensaba que iba a haber un cambio significativo”, recuerda Sara.
Además, la posibilidad de un cambio de régimen significaba para ella la oportunidad de que, en su Nochixtlán, las prácticas de corrupción fueran erradicadas.
“Lo que pensó Claudia fue la lógica de una persona normal –explica su hermana Elizabeth–. Es decir, si alguien llega con el discurso de terminar con la corrupción, pues vamos a hacerlo, ¿no?”
Muchas de las actividades que desarrolló Claudia Uruchurtu en Nochixtlán están basadas en el anhelo de “acabar con la corrupción”. Para Claudia, insisten sus hermanas, la propuesta de López Obrador tenía sentido y, sólo por eso, debía funcionar. “Las cosas se podían hacer bien”. Ese es su pensamiento.
Claudia siempre fue rebelde, “de niña siempre se andaba metiendo en problemas, porque quería ayudar a todo el mundo. Tenía un sentido de justicia sui generis. Era la Robin Hood del barrio: la que le quitaba a los pobres para darle a los más pobres”. Así la recuerdan sus hermanas. De ella, era dable esperar lo que fuera.
Elizabeth la define como una “rebeldía generosa”. Dicen sus hermanas que “Claudia siempre tuvo un sentido de justicia muy alto”. Ese sentido de justicia que la haría protestar las veces que no estuviera de acuerdo con “la forma en la que se trataba a los demás, o la forma en la que se repartían las cosas”.
Cuando Claudia cursaba la primaria, por ejemplo, todas las tardes llevaba a una de sus compañeras a cenar a su casa.
La llevaba, sostiene Elizabeth, porque sabía que en el hogar de esa niña no había dinero para comer. Además, en el camino, Claudia le compraba a su amiga un merengue, “con sus ahorros, dignos de una niña de primaria”.
En diciembre de 2018 López Obrador llegó a la Presidencia de México y, a la alcaldía de Nochixtlán, su correligionaria Lizbeth Victoria Huerta, a cuya administración se acercó Claudia Uruchurtu para buscar la solución de un problema de protección civil.
Creía que la vida de algunos de los pobladores más pobres de Nochixtlán estaba en riesgo, ya que sus viviendas se ubican en una zona de barrancas que se inundaban durante cada temporada de lluvias.
Claudia decidió acercarse al Ayuntamiento de Nochixtlán para saber cómo podría solicitar que se hicieran las obras preventivas necesarias. Pero se topó con una respuesta: que no había dinero para ese tipo de necesidades. ¿A dónde, entonces, se estaba yendo ese presupuesto público?, se preguntó.
Motivada por la línea del “no se va a tolerar la corrupción”, y tras muchos rechazos de las autoridades municipales, Claudia se fijó un nuevo objetivo: transparentar los gastos de las autoridades.
Siempre positiva, siempre con la creencia de que lo que hacía podía beneficiar a la comunidad, Uruchurtu recopiló facturas, comprobantes de gastos de la municipalidad y, con el tiempo, reunió pruebas suficientes para evidenciar el mal uso de fondos en Nochixtlán.
Detectó, por ejemplo, que la administración municipal encabezada por Lizbeth Victoria Huerta usaba una empresa fantasma para desviar recursos públicos; y que la hermana de la alcaldesa cobraba salarios en distintas entidades de gobierno sin realizar ninguna de esas funciones, entre otros actos de corrupción. Todo lo denunció a través de cartas. Cartas al presidente López Obrador, al gobernador de Oaxaca, Alejandro Murat, a la entonces secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, y a legisladores, tanto federales como estatales. Ninguno la escuchó. Pero ella no se rindió.
Al revisar las facturas, cartas y denuncias que recopiló, da la impresión de que el seguimiento minucioso sobre el mal uso del dinero público en Nochixtlán se convirtió en su trabajo. “Todos los días dedicaba un momento a escribir un mail, a darle seguimiento… lo convirtió en su labor”, dice Sara.
Claudia buscó por donde pudo. Organizó recolecciones de firmas y convocó a las personas de Nochixtlán a protestar contra la malversación de fondos públicos que, pese al cambio de partido en el gobierno, persistía.
Lo que ella buscaba era reunir a más personas para que, entre todos y todas, pudieran denunciar lo que ocurría en Nochixtlán. Juntos. Sin embargo, en no pocas ocasiones tuvo que lidiar con la frustración que genera una comunidad desmovilizada.
–Era la actitud clásica de “qué vas a ganar con esto”. Ahora (luego de que Claudia fue víctima de desaparición forzada), la actitud es peor: “Para qué, ve lo que le pasa a la gente que denuncia” –explica Elizabeth.
De pronto, dice Sara, los grupos de poder se empezaron a preguntar “quién es esta mujer que viene a cambiar todo el esquema que ya tenemos bien establecido. Hay gente que la ve como la vieja histérica, loca, la que viene a cambiar el esquema con el que siempre se había trabajado. La ven como una peleonera”.
Pero no sólo eso. Para los grupos en el poder en Nochixtlán, Claudia Uruchurtu y todas sus denuncias de corrupción eran peligrosas, porque buscaban permanecer en el poder otros tres años, mediante la reelección de Lizbeth Victoria Huerta como presidenta municipal para el periodo 2021-2024.
el 26 de marzo de 2021, tras permanecer un rato en la protesta frente al palacio municipal de Nochixtlán, Claudia Uruchurtu caminó por una calle oscura, sin luz.
Mientras andaba, también hablaba por teléfono.
El centinela incondicional de Huerta, la privó de la libertad y no aparece Claudia
Gracias a las cámaras de seguridad de algunos negocios, se sabe que un hombre, identificado con el apodo de El Centinela, caminaba detrás de ella. Se trataba de un empleado de la alcaldesa Lizbeth Victoria Huerta. Estas mismas cámaras registraron cómo, en coordinación con este hombre, una camioneta roja se aproximaba a Claudia.
Los tripulantes de este vehículo también eran colaboradores cercanos de la alcaldesa. Ellos, junto con el hombre que caminaba detrás, privaron de la libertad a Claudia.
La siguiente escena captada por cámaras de seguridad es frente al hospital municipal, en la salida del pueblo. La camioneta roja que la acababa de secuestrar pasa rebasando los límites de velocidad y una patrulla –la número 1–, que se encontraba estacionada a un costado del camino, la sigue; pero no en persecución sino, más bien, sumándose al secuestro.
Desde entonces se ignora el paradero de Claudia. Murat y Peimbert guardan silencio, mientras el candidato Jara de Morena a la gubernatura, protege políticamente a la principal sospechosa, de la mano de los caciques de Nochixtlán, dónde la impunidad gobierna hace muchos años y es practicada por Morena igual que lo hacían otros partidos políticos en tiempos pasados.








