Analizan la historia de los procesos de industrialización y el oficio de la protección del patrimonio industrial

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Inició el congreso virtual en la materia; se presentan casos de rehabilitación arquitectónica y otros donde es necesaria la recuperación de instalaciones industriales

El primer día abrió con la conferencia La industrialización de nuestro principal alimento: del maíz a la tortilla, de la académica Aurora Gómez Galvarriato

La investigación del patrimonio industrial “nos aproxima a una mejor comprensión de las estructuras y de los mecanismos que han generado el desarrollo de las sociedades modernas y contemporáneas, sus espacios de trabajo, organización productiva, entre otros aspectos, pero también coadyuva a las tareas de registro y a la preservación de estos vestigios”, manifestó la titular de la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos (CNMH), Valeria Valero Pié, al inaugurar tres días de intercambio académico en esta materia.

En la apertura del congreso virtual “Diez años de investigación de los procesos de industrialización y el oficio de la protección del patrimonio industrial”, organizado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), a través de la CNMH, la especialista reconoció el trabajo realizado durante este tiempo por el Seminario Procesos de Industrialización en México: historia, arquitectura y tecnología, siglos XIX al XXI.

Este –dijo–, ha permitido crear redes que han derivado en diversas publicaciones y en la creación de los seminarios correspondientes a Nuevo León y Guatemala, además de apoyar directamente a engrosar el Catálogo Nacional de Monumentos Históricos Inmuebles, con un registro más puntual de este tipo de patrimonio cultural construido.

Asimismo, añadió, el diálogo entre especialistas en historia, arqueología, arquitectura, derecho, distinta áreas de humanidades, urbanismo, ciencias y economía, ha permitido tomar decisiones asertivas en la revisión de proyectos de rehabilitación arquitectónica de las antiguas fábricas La Constancia Mexicana, en Puebla; San Luis Apizaquito, en Tlaxcala; la Ex Hacienda Pulquera de San Antonio Tochatlaco, en Hidalgo, y el viejo Molino de Flores, en Texcoco, Estado de México.

En el segundo congreso, cuyo programa finaliza el 12 de noviembre y es transmitido por el canal INAH TV de YouTube, en sintonía con la campaña “Contigo en la distancia”, de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, se presentan casos exitosos como los referidos, y otros en los que se requiere la puesta en valor de distintas instalaciones industriales. De ahí la importancia de las exposiciones de los 34 ponentes partícipes.

Del metate al molino de nixtamal

El primer día del congreso abrió con la conferencia magistral de la investigadora de El Colegio de México, Aurora Gómez Galvarriato, La industrialización de nuestro principal alimento: del maíz a la tortilla, en la que sostuvo que la dieta basada en maíz nixtamalizado es una peculiaridad de la cultura mesoamericana, que no modificó su producción manual, la cual involucra el trabajo de molienda, la elaboración de la masa y el tortillado en comal, sino hasta el siglo XX.

Si bien el maíz es un cereal que se produce con facilidad –dijo–, su transformación a masa es compleja, ya que el maíz debe hidratarse con cal, dejarse macerar, lavarse y luego molerse, pero esta molienda no puede hacerse en los molinos destinados a gramíneas secas como el trigo o la cebada, porque es una sustancia húmeda, de ahí que requiere un proceso especial que le permita mantener su sabor, resistencia y, a su vez, darle flexibilidad.

Otro elemento aparejado al proceso fue el trabajo femenino, ya que desde la época prehispánica fue considerado tarea propia de mujeres, como lo señalaba un artículo publicado en 1902 por El Faro, “La maldición del metate: (…) desde los tiempos más remotos hasta nuestros días (…) la mujer mexicana ha gastado su fuerza, su salud, su tiempo en la miserable tarea de moler el nixtamal día por día (…) Nos causa compasión verlas encorvadas, con las manos, las rodillas y los pies encallecidos en un trabajo remunerado tan vilmente”.

El atraso tecnológico en la molienda del nixtamal estuvo condicionada por múltiples factores: el lento crecimiento de la población, urbanización y medios de comunicación y transporte; el precio relativo del capital/trabajo; la tardada evolución del sistema de patentes; la escasez de manufacturas, hierro y carbón fósil; aparte de la escasez, concentración y aletargado desarrollo de difusión de conocimientos técnicos y científicos.

“Muchos de los inventos, tanto en el periodo 1877-1911, como en el de 1912-1928, cuando se dio un ‘boom’ de patentes en la industrialización del nixtamal, estuvieron a cargo de mecánicos, artesanos e ingenieros, lo que —sin demeritar su trabajo— indica que no se trataba de una tecnología tan compleja, pero en el país no había si quiera esas capacidades básicas antes de finales del siglo XIX.

“El primer molino se estableció en 1865, pero los censos industriales refieren una escalada de los molinos de nixtamal a partir de 1930, tuvo un pico hacia 1965 (auge relacionado con las máquinas tortilladoras, bajo marcas como Celorio y Verástegui), y luego vino el declive por el desarrollo de la industria de harina de nixtamal”, detalló la investigadora.

Por último, Aurora Gómez Galvarriato sostuvo que se ha puesto poca atención patrimonial a los molinos de nixtamal, “y creo que todavía existen ejemplares bastante antiguos que merecen ser rescatados, dado que reflejan una tecnología hecha cien por ciento en México, es decir, reflejan el desarrollo tecnológico nacional”.

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