LA MASACRE DE MUJERES EN LA ESTACIÓN FERROVIARIA DE CAMARGO, CHIHUAHUA

Share

M. H. Reidezel Mendoza S.

 

El primero de diciembre de 1916, las tropas del general carrancista Francisco Murguía derrotaron a las fuerzas villistas en Estación Horcasitas, 40 kilómetros al sureste de la ciudad de Chihuahua, obligando a Francisco Villa a desalojar la capital del estado. La rabia de Villa por este descalabro había de desahogarse pocos días después en una masacre sin parangón en la historia de México.

Baudelio Uribe

El 12 de diciembre, las fuerzas villistas sorprendieron a las tropas del Segundo Batallón de la Segunda División del Noroeste, comandado por el teniente coronel Tirso Hernández, jefe del Estado Mayor del general Miguel M. Acosta, en la estación ferroviaria de Ciudad Camargo, 160 kilómetros al sureste de la capital del estado. A las seis de la mañana, el villista Baudelio Uribe, apodado “el Mochaorejas”, ordenó abrir fuego contra los soldados reunidos alrededor de las fogatas. Después de una hora de tiroteo, los villistas se apoderaron de varios trenes y apresaron a los hombres de infantería que guarnecían la plaza. Después de ocupar la ciudad casi sin encontrar resistencia, las descargas de la fusilería villista se ensañaron con los heridos y prisioneros. El propio secretario de Villa, José María Jaurrieta, describe horrorizado la escena:

“¡Que cuadro tan macabro presentaba la Estación Camargo! Si apartaba mi vista para no ver aquellos cuadros conmovedores dirigiéndola hacia el suelo, me encontraba manchas de sangre y cadáveres esparcidos de tramo en tramo; si intentaba refugiar mi mirada en los trenes, veía cómo los carros de caja destilaban hilos de sangre de aquella sufrida tropa acribillada a balazos.”

Muchos de los reclutas carrancistas iban acompañados por sus mujeres, jovencitas de entre 15 y 20 años arrancadas de sus hogares por el amor o por la fuerza. Estas soldaderas, campesinas provenientes de pueblos y barriadas miserables, seguían a sus hombres –sus “juanes”, como se les designaba popularmente- con todo y sus hijos. Los furgones carrancistas transportaban de población en población, pues, a una multitud famélica y enfermiza. Al recorrer los vagones para apoderarse de provisiones, armamento y cualquier cosa que pudieran encontrar, los villistas descubrieron en los últimos carros a un numeroso grupo de soldaderas, algunas de ellas con sus hijos en brazos.

Tenían poco de aprehendidas las soldaderas cuando un incidente desató la tragedia. Mientras Baudelio Uribe rendía parte a Villa de haber exterminado al destacamento enemigo y de haberse apoderado de seis mil pesos de la pagaduría carrancista, prorrumpió en el lugar una mujer que corría precipitadamente hacia Villa gritando y sollozando. La mujer se hincó, abrió los brazos en cruz y rogó: “¡Señor, por el amor de Dios, no mate usted a mi marido! ¡Se lo ruego por su madre!” Villa preguntó: “¿Quién es su marido señora?” “El pagador, un simple empleado de gobierno. Él no es combatiente y ese señor que está a su lado”, señaló a Uribe, “lo ha mandado con una escolta a un lugar desconocido”. Villa preguntó por el oficial, y Uribe respondió tranquilamente: “Mi general, ya está en la olla.” La mujer del pagador se puso de pie con el rostro descompuesto, apretó los puños y llena de ira lanzó una andanada de insultos contra Villa: “¡Bandido, hijo de…asesino! ¿Por qué no me mata a mí también?” Aunque Jaurrieta se abstiene de decir que su jefe la mató –dice que la mujer “cayó víctima de la fatalidad”–, la mayoría de las fuentes dejan en claro que Villa desenfundó su revólver y le disparó en el cráneo. El asesinato, sin embargo, no calmó la furia de Villa, quien a continuación ordenó al “Mochaorejas” que matara a las soldaderas prisioneras; Octavio Fernández refiere que sus palabras fueron: “¡mata a todas estas infelices viejas desgraciadas!”

Lugar donde fueron sepultadas las Soldaderas

Las soldaderas fueron llevadas al barranco que se levanta frente a la estación y acribilladas. Jaurrieta describe la escena como sigue:

“Aquel cuadro fue dantesco, dudo que pluma alguna pueda describir fielmente las escenas de dolor y de espanto que se registraron esa mañana del 12 de diciembre de 1916, ¡llanto!, ¡sangre!, ¡desolación!, noventa mujeres sacrificadas, hacinadas unas sobre otras, con los cráneos hechos pedazos y pechos perforados por las balas villistas. Cuando hubo terminado aquella matanza, el curioso que contemplara aquel desastre de la vida humana, pudo haber visto a un chiquillo como de dos años de edad sentado, sonriente, junto al cadáver de su madre, mojando en la sangre de la autora de sus días, los inocentes deditos que llevaba a su carita, seguramente en gracia infantil para pintarse como la madre que rígida yacía a su lado.

Cleofas Calleros relata que un soldado que revisaba los cuerpos halló un bebé aún con vida: “Uno de los hombres de Villa preguntó qué hacer con el bebé y Villa dijo que no servía para nada, así que había que matarlo a tiros también. Sus órdenes fueron cumplidas. [Villa] cabalgó en su caballo por encima de los cuerpos.” El exvillista camarguense José Martínez Valles dice que, confrontado con la escena de los gritos de dolor de las mujeres que iban siendo acallados por los disparos de fusilería, tomó la decisión de desertar.

Soldadera

La mayoría de los testigos y reportes periodísticos de la época sugieren que el número de mujeres asesinadas osciló entre 60 y 120. Jaurrieta habla de 90 muertas. Jesús Salas Barraza, uno de los conjurados en el asesinato de Villa siete años más tarde, refirió en una carta dirigida al general Abraham Carmona que habían sido “treinta y tantas” soldaderas, pero no indicó su fuente. El ingeniero Estanislao Muñoz afirma que fueron entre 100 y 120 mujeres, y 20 soldados los acribillados en la estación.

La noticia del asesinato en masa cundió por todo el país. Tomás Hernández, un comerciante de guayule de Torreón refugiado en la frontera, declaró dos semanas después que 70 mujeres habían sido asesinadas en Camargo. Civiles mexicanos asilados en El Paso reportaron a la prensa local que más de 60 soldaderas habían sido ejecutadas después de que una mujer disparó tres tiros a Villa en venganza por el asesinato de su marido. Un emigrante mexicano dijo haber sido testigo de la matanza de 102 mujeres y niños, ordenada por Villa debido a que un partidario del gobierno de facto le había disparado tres tiros y que, con ese pretexto: “todas las soldaderas carrancistas, que habían quedado en la población, fueron puestas en fila y pasadas por las armas […] muchas de esas mujeres traían en los brazos a sus pequeñuelos, lo que no impidió que los villistas llevaran a cabo ese atentado.” Esta persona relató también que Villa había mandado tomar una fotografía en la que aparecía él en medio de los cadáveres.

Los cronistas y autores filovillistas han buscado exculpar a Villa de diferentes maneras, y es probable que la versión del intento de asesinato haya sido una invención de sus partidarios locales para justificar la matanza ordenada por el guerrillero. No es difícil que los autores afines al villismo hayan aceptado esta versión, que convertía los insultos de la esposa del pagador en disparos. El hecho es que el secretario Jaurrieta, testigo de los hechos, no menciona ningún atentado, y que difícilmente alguien podría dar cuenta precisa de tres disparos.

Cuando Jaurrieta describe la espantosa escena, se abstiene de colocar en ella a Villa y en cambio atribuye la culpa a sus seguidores, que lo azuzaron contra las soldaderas diciendo que los iban a delatar con los carrancistas.

Calzadíaz carga la culpa a los miembros de la escolta de Villa. Dice que “se fueron grandes matando mujeres” por una supuesta conjura para asesinar a su jefe: “No pudo haber sido de otra manera. Esos hombres, en su mayoría, eran paranoicos. Siempre pensaban que otros hablaban mal de ellos y que se confabulaban para perjudicarlos. Vivían en estado de histerismo y como niños mimados. Arbitrarios y egoístas”. Curiosamente, estas características que Calzadíaz Barrera describe son las que la historiografía rigurosa atribuye al propio Villa.

En su afán por contribuir al mito villista, el novelista Taibo II dice que no fueron más que 14 las ejecutadas y tacha de poco fiables las fuentes que indican números mayores, sin dar sustento a su descalificación. Dentro de su trama, este autor da crédito a una versión de Ángel Rivas López, quien dice que hubo un atentado en el que murió Florentino Baray, asistente de Villa. Esta versión de Rivas López, y en consecuencia la de Taibo, no puede ser tomada en serio: ambos abren la posibilidad de que Ramón Tarango haya sido quien ordenó la ejecución, afirmando que este personaje fue comisionado por Villa para investigar el intento de asesinato. El hecho es que Ramón Tarango había muerto en Ciudad Guerrero, el 29 de marzo de 1916, más de ocho meses antes del exterminio de las soldaderas.

Aunque Friedrich Katz elude dar cuenta de los relatos de la masacre de Camargo que presentan a Villa en su faceta más salvaje, no puede evitar afirmar que el hecho “exhibió la decadencia decisiva del villismo” y contribuyó a menoscabar su apoyo popular en Chihuahua. El general e historiador Miguel Ángel Sánchez Lamego dice que al mandar matar a 90 soldaderas, Villa había cometido un acto de violencia reprobable. Sin embargo, es quizá el general Luis Garfias quien pone en su justo lugar el asesinato de las soldaderas al decir que ese hecho, sin precedentes en la historia moderna de México, fue un acto que “sólo un desequilibrado podía ser capaz de llevar a cabo.”

Muy pocos sobrevivieron la masacre de Santa Rosalía de Camargo. Tratando desesperadamente de salvarse, algunas mujeres corrieron al Río Florido, que está cruzando la vía del ferrocarril hacia el oriente, llevando a sus hijos en brazos. Perseguidas por los villistas, fueron en su mayoría ultimadas, pero algunas lograron escapar y recibir refugio de familias de Camargo que incluso, más tarde, les dieron empleo en labores domésticas.

Soldaderas

Los cadáveres fueron arrojados, junto con los de los soldados, a una noria adjunta a la vía, a unos cuantos metros al sur de la estación ferroviaria, cerca del embarcadero de ganado. En una fosa común descansan las soldaderas al lado de sus compañeros.

Al abordar uno de los asesinatos masivos cometidos por Villa, el maestro Raúl Herrera refiere: “una sociedad evolucionada habría asumido la conmemoración como obligación nacional, pero en México las autoridades y los medios apenas respondieron, y los historiadores adictos a Villa guardaron un silencio censurable.”

No hay una placa o monumento que nos recuerde lo que ahí sucedió.

 

FUENTES:

  1. Barragán Rodríguez, Historia del Ejército Constitucionalista, tercera época, SEDENA, INEHRM [edición digital] http://www.inehrm.gob.mx/work/models/inehrm/Resource/455/1/images/HisteEjeRev_III.pdf
  2. Calzadíaz Barrera, Alberto, Villa contra todo y contra todos, dos tomos, Editores Mexicanos Unidos, México, 1963.
  3. Ceja Reyes, Víctor, Yo maté a Villa, Populibros, La Prensa, México, 1960.
  4. Fernández Perea, Octavio, “La mujer, heroína y mártir de la revolución” en el XIV Congreso Nacional de Historia de la Revolución Mexicana, Hidalgo del Parral, 20, 21 y 22 de julio de 1983.
  5. Garfias, Luis M., Verdad y leyenda de Pancho Villa: vida y hechos del famoso personaje de la revolución mexicana, Panorama Editorial, México, 1981.
  6. Jaurrieta, Con Villa, 1916-1920: memorias de campaña, CONACULTA, México, 2009.
  7. Katz, Pancho Villa, 2 tomos, Ediciones Era, ICED, CONACULTA, Durango, México 2010.
  8. Mendoza Soriano, Reidezel, Crímenes de Francisco Villa. Testimonios, segunda edición, Independently published, Chihuahua, 2020.
  9. Muñoz, Estanislao, Apuntes históricos y geográficos de Ciudad Camargo, Chih., y del municipio, 1986.
  10. Peterson, Jesse and Thelma Cox Knowles, Pancho Villa: Intimate Recollections by People Who Knew Him, Hastings House, New York, 1977.
  11. Salas, Elizabeth, Soldaderas en los ejércitos mexicanos. Mitos e historia, Editorial Diana, México, 1993.
  12. Sánchez Lamego, Generales en la Revolución: biografías, INEHRM, México, 1981.
  13. Taibo II, Pancho Villa, Editorial Planeta, México, 2006.
  14. El Paso Morning Times
  15. La Prensa

 

 

Share

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Share
Share