Zongolica: Niños indígenas que no crecen

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fotografía de Félix Márquez

Rodrigo Soberanes / diario19.com

Araceli Xochicale Porras tiene 12 años pero cabe en una reja de madera para transportar verdura. Esta niñita de la sierra de Zongolica que conmueve a su comunidad entera se quedó del tamaño de un bebé. No habla, apenas se comunica, a veces sonríe.

Es la mayor de las cuatro hermanas Xochicale Porras. La que le sigue, Edith, la procura todo el tiempo, es la que más cuida a la hermanita que parece una muñeca de 60 centímetros metida en su cajita de madera observando en silencio a su alrededor, escuchando la música de una rocola que viene desde otro cerro. 

El de Araceli es uno de al menos cuatro casos detectados en esa región del centro del estado de niños que no logran desarrollarse, por causas que los Servicios de Salud de Veracruz no han podido conocer y, por lo visto en casa de Araceli Xochicale, ya no están investigando. 

Su pequeña casa de tablones y hojas de palma está en la comunidad de Comalapa 2 -de unos 300 habitantes-, a una hora de viaje en transporte rural desde la cabecera municipal de Zongolica. Cualquier vecino de esa pequeña alde
a conoce a Araceli y con frecuencia pasan a saludarla. 


Todos han visto pasar a esa niña que debería estar entrando a la adolescencia colgada de la espalda de su padre, Mateo Xochicale, entre las barrancas de esa región serrana, rumbo a sus consultas médicas en Río Blanco, a más de dos horas de camino en transporte público.

Araceli y otros tres niños en condiciones similares viven en extrema pobreza en comunidades de Zongolica y han sido detectados desde enero de 2012, durante la administración de la ex alcaldesa Lidia Mezhua. 

El caso de la niña de Comalapa 2 fue el primero en salir a la luz a pesar de que su padre, Mateo Xochicale, se dio cuenta de que no crecía cuando regresó de trabajar de Tijuana, teniendo su hija un año con ocho meses.

Sus viajes de trabajo por periodos prolongados continuaron a lo largo de los años y siempre, al llegar a casa, encontró a su niña del mismo tamaño. Le diagnosticaron hipotiroidismo y le recetaron pastillas de levotiroxina sódica desde 2012.

Desde esas fechas, sus papás, Mateo y Josefina Porras pensaban que podría desarrollarse, pero eso no ha pasado, y tiene más de un año que no pueden comprar las medicinas de Araceli.

Jornada Veracruz preguntó en el DIF Municipal de Zongolica por no sabían que existieran esos casos, que fueron dados a conocer por los medios de comunicación. En esos tiempos, el ex director del hospital del Río Blanco, Rafael de Jesús Picazo, decía: 

“Si toma bien el tratamiento pudiera recuperar algo de crecimiento pero no al 100 por ciento”.

Es posible que ella ahora no tendría ningún problema si al nacer le hubieran hecho la prueba del Tamiz “como a cualquier otro niño”. El problema –explicaba el especialista- es que en la sierra no se reportan los nacimientos de los niños y si nacen enfermos, la capacidad de reacción es nula.

No se sabe cuánto tiempo vivirán Araceli y los otros niños como ella. Pero es vox pópuli en el municipio que hay “bebés” que mueren a los 30 años. Son historias que han formado parte de la realidad de Zongolica. 

Otro caso es el de Jerónimo San Miguel, de siete años de edad quien vive en la comunidad de Atexoxocuapa. Su enfermedad aún no ha sido determinada y vive en una cuna con sus ojos abiertos y sin capacidad de reacción alguna.

Elizabeth Zopiyactle vive en la comunidad Ruiz Cortines, una de las más lejanas a la cabecera municipal, tiene 21 años y cabe en una cuna para bebés. En esa misma comunidad y con las mismas características vive la “bebé” de 16 años, Angélica Colohua.

Y en Comalapa 2, Araceli pasa los días rodeada de sus hermanas menores que buscan comunicarse con ella. Le ponen flores en su cabeza, la sacan al aire fresco en su reja de madera, la bañan, le dan arroz, sopa y frijoles.

Se duerme a las ocho de la noche y despierta a las 11 de la mañana, pero este fin de semana, como sus padres fueron a Río Blanco para tener a su quinto hijo, Araceli durmió menos. Sintió su ausencia, dicen sus hermanas.

Este sábado nació otro hermanito que en menos de dos años será más grande que ella.

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