La mesa de seguridad se devalúa, da palos de ciego, de nada ha servido a Juárez / Reflexiones: Luis Cardona

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Diario 19 / Reflexiones

 

 

LUIS CARDONA

La impunidad y la falta de voluntad de los gobiernos en atacar los problemas de seguridad pública y prevención del delito, derivan infortunadamente en un Estado de Derecho maltrecho en el que el poder judicial es una pantomima mal puesta, en un escenario de la peor obra de terror que jamás haya vivido un pueblo tan vigoroso y pujante como el Juarense, hoy abatido, diezmado, por sus autoridades en colusión con la delincuencia y con una sarta de organizaciones civiles que no sirven absolutamente para nada, más que para mal gastar el dinero que el gobierno les brinda para servir de Sancho Panza.

Sale ante las cámaras de televisión  Astrid González, rodeada de micrófonos aliados de la inestabilidad, que les permita una piedra para su resortera y alcanzar las dádivas gubernamentales, que maneja con dinero del pueblo sus consciencias viles y serviles, en vez de reaccionar al análisis de la situación violenta y destrabar el engrane purulento de la corrupción y engrasar de justicia una maquinaria policial inservible para la ciudadanía que vive en la inquietud, el insomnio, el temor y la paranoia.

Sale dentro de todo este mar de sangre, que no es de hoy, sino de hace más de dos décadas, sale González a manifestarse con una obviedad grosera en su charla mensual con medios. “Modificar esquemas de trabajo por que los delincuentes los han rebasado”. Ja ja ja. Por dios señora, precisamente esa fue una de las causas del nacimiento de la “Mesa de Seguridad” que hoy dirige. O sea que otra vez atole con el dedo a la ciudadanía. Solo demuestra así González para lo que sirve su dichosa Mesa. Y lo dejo textual así como lo escribió Daniel Domínguez al dar la nota en el “duartista” Diario de Juárez.

Luego Astrid no contenta con su aplaudido comentario por lo medios el ex gobernador prófugo César Duarte, asienta: “Es inadmisible que hayan dejado menos de 20 policías en la ciudad, cuando los homicidios de alto impacto han aumentado de manera extraordinaria”. ¿En dónde estaba Astrid González su aparato de empresarios y toda la gama de “expertos” en el estudio de los fenómenos violentos y de seguridad que le apoyan, por qué no influyen en las tomas de decisiones de los cuerpos policiales municipales y operativos de la Fiscalía general del Estado?.

La respuesta es fácil, porque su estatura moral, su influencia social, ha sido rebasada hace muchísimo tiempo y a nadie importa si critican, descalifican o enaltecen a las autoridades, porque sus dichos se han convertido en letra muerta, porque no saben siquiera elaborar un proyecto, un programa de rehabilitación del tejido social, porque viven del argumento político-social y no de la verdadera convicción de introducirse en materia de Seguridad como un ente de verdadero cambio, porque les rebasa el temor y se acomodaron mejor en una burbuja de critica inocente, que cualquier madre de familia rebasa con argumentos más sólidos, porque cualquier padre de familia, conoce el origen de la violencia que enfrentan sus hijos, mejor que Astrid y su dichosa Mesa de seguridad que raya en el insulto social, son una organización inocua que tiende a desaparecer. Una organización sin logros, de mentira, que nada en la simulación.

Ese es el tamaño de nuestras Organizaciones Civiles. Hoy subvencionadas por diferentes fuentes del Estado mexicano. Seamos claros, directos. La violencia y la inseguridad que se vive en Cd. Juárez, el Estado y el País, nace en la impunidad de los poderes Nacionales y regionales, manejada por caciques de todas estaturas y romper con ese ciclo es lo que no conviene a quienes están detrás de todo y de todos.

El crimen gobierna desde la silla presidencial, porque el poder no está en quien se sienta en ella, sino en el caciquismo que vivimos. Así en cascada el baja el modelo social mexicano. Los poderosos, los que manejan el dinero, ordenan al político y él ejecuta en combinación con la delincuencia el grado de miedo que necesite cada región, cada estado, cada ciudad, cada pueblo de éste México podrido.

Con el poder político de un lado y del otro el criminal, una runfla de poderosos intereses económicos deciden la suerte de cada ciudad y rincón de la República Mexicana, y quien no acceda a gobernar en esas condiciones, sufre con su pueblo los estragos necro-políticos que convengan a esa directriz.

Entonces cómo vamos a esperar que La mesa de seguridad, pueda brindar siquiera un hálito de esperanza de devolver a Juárez la Paz de los años anteriores a los ochentas, aquellos en los que la ciudadanía, el pueblo podía salir al “porche” de su casa en noches calurosas a platicar con los vecinos, regar la calle, las puertas abiertas de su hogares, sin rejas en las ventanas, en las puertas de sus casas, sin puertas de acceso a sus fraccionamientos.

El pueblo podía dormir en sus patios, cuando no había dinero para un ventilador o un “aire”.

Caminábamos por nuestras calles sin problema por las noches, aún sin la iluminación que hoy enfrenta a grupos políticos. El dólar a 12.50, los barriles de cerveza y la carne asada en absoluta tranquilidad. El turismo en la Juárez y el mercado del mismo nombre. Los burritos del Tin Tan, el centenario con filas de comensales. El Bombero con su menudo. Todo era tranquilidad. hasta los juniors “sixitineando”, o haciendo cola en los Drive inn, del K 4, La arboleda, El Barco. No había horarios en la diversión nocturna. Los niveles de criminalidad eran bajos a pesar de que había mafia, porque siempre ha existido, pero  no gobernaba, era una variable social, ahora es parte del gobierno. Había Trata de mujeres, se combatían los delitos de formas que hoy irían en contra de los derechos humanos. Y no es caso de regrera a ellos, solo digo que el problema es mucho más peligros de que lo que Astrid González atina a “observar”.

Vivimos en un México donde el poder es mafioso en su base y mueve los hilos de política, criminalmente para mantener sometido al pueblo en base al temor.   En nada ayuda la dichosa Mesa de seguridad a Ciudad Juárez, más que a servir con disimulo a ese poder del que hablo, al que la inestabilidad le conviene, al que la impunidad sostiene.

Reflexionemos

A sus órdenes.

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