Kau Sirenio / diario19.com
El sol se ha resignado a medio calentar la tarde en El Fortín y Gonzalo Molina (ahora preso en prisión de máxima seguridad de Oaxaca) se ve sereno. En medio del acoso militar, policiaco, judicial y propagandístico; llevando a cuestas la hostilidad de los tres niveles de gobierno; satanizado por la clase política y la misma casa de justicia de San Luis Acatlán –la derecha lo acusa de rebelde, y la izquierda modosita delirante lo señala de contrarrevolucionario–; de promotor de la policía comunitaria, ahora perseguido por luchar contra la delincuencia organizada, Gonzalo conserva la calma. No hay en él un optimismo desbordado. Por el contrario, hay temor y preocupación por sus compañeros que, igual que él, siguen siendo acosados por el aparato del gobierno.
“Surgimos como policías comunitarias para defendernos del crimen bien organizado; cuando digo crimen bien organizado, me refiero también al gobierno, en el entendido que el gobierno no es la solución, sino que es parte del problema. Aquí en Tixtla, casa de Vicente Guerrero, Ignacio Manuel Altamirano y muchos otros héroes más de la Independencia y de la Revolución mexicana, semilleros de muchos luchadores sociales, tierra de conciencia y libertad, no podíamos vivir secuestrados por el crimen. Ahora que decidimos defendernos, el Estado nos persigue con todo su aparato”, explica mientras se quita su inseparable gorra.
A sus 48 años de edad, el promotor de la policía comunitaria de Tixtla conserva frescos sus recuerdos de la niñez, aquella época de su infancia en la que le gustaba subirse a los caballitos de la feria, pero en la que también a los siete años tuvo que ponerse a trabajar para poder pagar una vuelta en el juego mecánico. “La verdad, tenía muchas ganas de subirme a uno, pero no tenía dinero para pagar. Después iba a ayudar al señor que los traía en la feria, le ayudaba a empujar las varillas, pero en lugar de que nos pagara, nosotros le pagábamos”, relata.
Originario de Matalapa, Tixtla, descendiente nahua, al mes de nacido sus padres lo llevaron a vivir al barrio de El Fortín. Tercero de once hermanos, a los cuatro años de edad ayudaba a su mamá en la elaboración de utensilios de barro.
Sentado en una esquina de la cancha de basquetbol, pone su mirada en la falda del cerro que está del otro lado, donde se lee frase “Mi patria es primero”, escrita con piedras pintadas de blanco con cal.
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Para llegar al campamento de la comunitaria en Tixtla hay que caminar entre un laberinto de callejuelas estrechas empinadas de trazo irregular que rematan en un mirador que domina la parte norte de la ciudad.
En esa explanada, las mujeres reparten comida a las personas que van llegando, mientras los hombres que hasta el día en que el Ejército los persiguió por el monte usaban playera verde olivo, pantalón negro y cachucha negra, se preparan para la manifestación por la detención de Nestora Salgado García y otros 17 comunitarios. Ahora todos andan de playera blanca.
El Fortín es histórico porque aquí, en 1813, el ejército insurgente comandado por el general Morelos derrotó a las fuerzas realistas que mantenían el control de la fortaleza de la corona española.
Gonzalo Molina recuerda que el lugar donde plática con el reportero, era un basurero, pero los vecinos del barrio lo convirtieron en plaza del barrio. “Aquí donde estamos antes era un basurero, pero el trabajo de los vecinos del barrio ahora tenemos un jardín de niños Mi patria es primero. Aún recuerdo cuando dijimos que haríamos del basurero un jardín”, narra.
El policía comunitario que el jueves 22 de agosto se le escapó de las manos al gobierno a pesar del operativo que montaron por aire y tierra para detenerlo, estudió la primaria, en la escuela Morelos, la secundaria en la Heroína y el bachillerato en la Prepa 29 de la Universidad Autónoma de Guerrero.
Dice que durante este proceso adquirió conciencia gracias a la influencia de algunos maestros y a las enseñanzas de su madre. “Cuando uno trabaja se hace valer por sí mismo. A los siete años trabajaba vendiendo gelatinas, luego paletas; mi madre me inculcó la limpieza personal. Eso me ayudó a tener una buena imagen antes los clientes. Fue como mi carta de presentación, porque en la venta de paletas me iba muy bien, ganaba más de los que gana un peón”.
Agrega: “Con el dinero que ganaba cooperamos con mis hermanos para comprarle una estufa a mi madre; trabajé también en una panadería, limpiando papel. Salía de trabajar a las 9:00 de la noche”.
Uno de los momentos más difíciles de su vida de su vida de estudiante fue cuando reprobó seis materias en la Prepa. “Es la experiencia más amarga de mi vida, cuando reprobé seis materias; los maestros me amenazaron con echarme de la escuela por haber reprobado. No me quedó de otra que ponerme a estudiar; con lo que ganaba de mi trabajo pagué a unos maestros particulares para que me ayudaran con las materias; y me olvidé un poco de mis amigos, del relajo y a estudiar. Después de este proceso tuve buenas notas, todas las materias las pasé con dieces”. Ríe.
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La formación vino después de la prepa. Al salir de la escuela trabajó de peón, ayudante de albañil, y de ahí, intendente en una secundaria. Sería aquí cuando se introduce al sindicalismo, su estancia en la montaña le permitió hacer trabajo de brigadeo. “Cuando me inicié en el sindicalismo, en la escuelas donde estaba adscrito allá en la montaña, no había representante sindical, así que empezamos a brigadear en las escuelas de ahí me nombraron representante sindical suplente”.
Después vino su activismo con Comité Central de Lucha Magisterial de Misael Núñez Acosta; de ahí continuó con las movilizaciones de Teodoro Palomino, José González Figueroa, Germán Aguilar, Sergio Montaño, Mauro Pineda, y ahora en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).
“De 1981 a 89 participamos en el movimiento nacional; fue una movilización enorme, al lado de Teodoro Palomino, nos íbamos a reunión de dos a tres días. Esto fue parte del aprendizaje. Ahí me di cuenta también de cómo los líderes se han vendido al mejor postor; esto viene a colación de una anécdota cuando íbamos en marcha nacional de Chilpancingo a la ciudad de México. En Topilejo llegó un dirigente charro a ofrecernos dinero para que nos regresáramos a Guerrero. Los compañeros maestros dijeron que los líderes ya vendieron el movimiento”, recuerda.
La vivencia en la prepa le ayudó entender el marxismo, cuando en las aulas le enseñaban técnica de investigación, filosofía y economía. Dice que ahí fue donde se dio cuenta de los abusos sistemáticos del Estado. “Muchos compañeros decían que no se puede luchar contra el Estado, pero yo les digo que peor es no hacer nada”.
La convicción de Gonzalo para luchar por la defensa del pueblo, no es gratuita ni de ahora. Algunos de sus amigos lo definen como un hombre humilde, sencillo. “Compartíamos comidas y bebidas con él, siempre muy solidario”, platica uno de los comunitarios.
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Gonzalo trabajaba de intendente cuando llegó a la regiduría por el PRD, pero al año renunció tanto al cargo como al partido porque éste no lo respaldó para exigir trasparencia en el manejo de los recursos del ayuntamiento.
“Me proponen para regidor, pero cuando pido apoyo a la dirigencia de PRD, me lo niegan. El apoyo consistía más que nada en demandar transparencia en el ayuntamiento, pero me dejaron sólo. Me decían que no debía ser radical, por eso renuncié a la regiduría y al partido. Los partidos políticos no te permiten avanzar, siempre quieren que uno esté a lado de ellos y si no lo haces nomás te bloquean en las asambleas”.
Añade: “La administración pública es abominable, uno se da cuenta cuando está ahí, viendo cómo los regidores no ejercen sus facultades, sino que se convierten en trabajadores del presidente, a cambio de las regalías que recibían del presidente municipal, en ese entonces de Cesáreo Astudillo, quién les daba, y así le aprobaban su cuenta pública. Me ofrecieron dinero a cambio de que le firmara su acta de cabildo, pero rehusé hacerlo, porque primero está la dignidad antes que los insultos”.
Gonzalo dice que en el municipio no hay opción para impulsar una organización social; sin embargo, lograron hacer trabajo de barrio, como lo fue con el basurero. “Creamos comisiones de producción, salud, agricultura, ganadería. Pero la grilla al interior del grupo de trabajo hizo que se diluyera la organización. No nos permitieron avanzar”.
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Integrarse de lleno al proyecto de la Policía Comunitaria, significó para Gonzalo Molina vivir un proceso que incluyó participar en la conformación de la Casa de Justicia de El Paraíso, municipio de Ayutla. Evoca: “No sabíamos qué hacer: queríamos conformar la policía comunitaria, pero no teníamos las herramientas. De ahí empezamos a trabajar con Arturo Herrera Campos, de Ayutla. Un día Arturo me avisa que había avances en las comunidades de allá y que sólo faltaba armar las reuniones que faltaban. Es así cómo me integro de lleno al proyecto”.
Luego de esto, la casa de justicia de San Luis estableció contacto con Arturo y Gonzalo, y de ahí vino el trabajo de equipo, pero la lejanía impedía hacer trabajo en las comunidades. “Vinieron de San Luis Acatlán, nos explicaron el proceso, así que los sábados y domingo me la vivía en Ayutla. De ahí fuimos apoyo de la casa de justicia de San Luis, después de Ayutla, surgió la inquietud de Prócoro Valente, de Tecoanapa”.
Una vez que los coordinadores de la Casa de Justicia de San Luis Acatlán le toman protesta a los nuevos coordinadores de la Casa de Justicia de El Paraíso, el 22 de diciembre de 2012, se acercan los de Tecoanapa a esta sede a pedir apoyo para la conformación de la comunitaria. De ahí surge la figura de promotor, aunque en el estatuto no se reconoce. “No existe la figura de promotor en el reglamento interno de la CRAC… con Prócoro Valente Gil impulsamos la comunitaria en Tecoanapa. En este municipio tuvimos contratiempos porque ahí las mujeres y los jóvenes no participan en la asamblea. Por eso nos costó trabajo y tiempo hacerlo. Es aquí donde empieza a tomar forma el papel de promotor. De ahí la casa de El Paraíso me extiende un oficio con el carácter de promotor. Con esta figura empezamos a trabajar con Acatempa, que se convierten en comunitaria después de darse a conocer como autodefensa”.
En Acatempa hubo problemas para fundar la comunitaria sobre todo porque los caciques no dejaban que se realizará la asamblea. “Los caciques impidieron avanzar porque no querían que se le afectara sus intereses, querían seguir viviendo de las dádivas que los partidos le llevaban a la gente a cambio de votos”.
La relación de Gonzalo con la comunidad estudiantil de la escuela Normal Rural de Ayotzinapa, empezó el 12 de octubre 1988, cuando policías del estado asesinan al estudiante Manuel Huikám Huikám de la normal rural de Hacelchakán, Campeche. A raíz de este crimen, los vecinos del barrio del Fortín, liderados por Gonzalo Molina se suman a la demanda de justicia en este caso y se fortalece su relación con Ayotzinapa.
“Nos incorporamos como movimiento social para demandar justicia y luchar contra la represión del estado. Ahora como CRAC, estamos más ligados porque ellos son hijos de campesinos y la CRAC es una policía del pueblo y para el pueblo. Ellos nos dicen tíos, así que son nuestros sobrinos, somos una familia, defendemos la misma causa, demandamos lo mismo”.








