El Medellín de Moisés / Urge que la lucha por el respeto a la integridad del periodista, nazca de nosotros / @cardonamex

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Reflexiones / Luis Cardona

 

El Medellín de Moisés… La Unión…

 

El fin de una batalla más del periodismo veracruzano atestiguó la prensa del Distrito Federal, a donde venimos a llorar nuestros muertos los periodistas de “afuera” con un grito de intolerable rabia, anidada en la impunidad del gobierno de Javier Duarte. Esa que hace levantar voces ciudadanas exigiendo justicia en publicaciones autofinanciadas, como lo hizo Moisés Sánchez durante 34 años.

Javier Solórzano contextualizó a cabalidad la realidad del periodismo que se ejerce en comunidades olvidadas, por periodistas que nadie conoce, de quienes solo cuando mueren asesinados se exalta su virtuosa vida.

Pocos en el País sabían antes de la muerte de Moisés Sánchez, que en Veracruz, existiera un poblado que se llamara Medellín. Una ciudad con precarios servicios, donde de pronto falta el agua en las llaves de las casas, o sobra en las calles cuando la naturaleza inunda colonias, sin que el gobierno se preocupe demasiado por ello.

En Medellín para ser periodista necesitas solventar los gastos del ejercicio con un oficio extra. En Medellín se alzaba la voz de Moisés en “La Unión…”. En Medellín asesinaron a Moisés, el periodista. “El taxista” cómo dijo Duarte, Gobernador para atrasar el proceso de por sí lento en reconocimiento del estatus, que permita atraer el caso a la FEADLE.

La idea evidente de Duarte fue ganar tiempo para “demostrar” una vez más que los periodistas en Veracruz son asesinados  por cuestiones ajenas a su labor informativa.

En el Centro Nacional de Comunicación Social (CENCOS) se escuchó la voz de Jorge el hijo de Moisés que con un nudo en la garganta homenajeaba la entrega informativa de su padre al que deformado por la tortura le entregaron en pedazos. Irreconocible.

Entre Jorge Sánchez, Rodrigo Soberanes, Félix Márquez y otros personajes del medio en Veracruz, imprimieron un número más de “La Unión…”, para en conferencia de prensa dar a conocer lo injusto del proceso de la Procuraduría que cierra el caso una vez encontrado el cuerpo desmembrado, como lo ha hecho en otros casos de periodistas asesinados.

Nunca lo buscaron con vida.

Con “La unión…” en la mano, Jorge explicó que no cree en la justicia veracruzana, que confía más en la PGR, aunque el proceso es lento por ley. Esa ley que no favorece al periodista, pero que está dispuesto a soportar con tal de llegar a saber si en verdad el crimen de su padre será resuelto, hoy que ya no puede tenerlo con vida.

Una vez más la Frase de “Ya no más periodistas muertos”, retumba en la conciencia, sin embargo los periodistas sabemos, que difícilmente las agresiones y muertes violentas de comunicadores pararán. El propio Jorge con su intención de continuar la obra de su padre se expone a correr la misma suerte. Nadie garantiza para él y su familia nada, mucho menos el libre ejercicio del periodismo en México. El principal sospechoso intelectual no despacha más en la presidencia municipal. La procuraduria espera detenerlo sin fuero constitucional.

Moisés se convierte en un número más dentro de la estadística de periodistas agredidos de las ONG, que llenarán informes con su nombre, en una historia denigrante que año con año será referida en los aniversarios de los “defensores de periodistas” émulos de Steve Jobs, que con su habitual protagonismo en fastuosas ceremonias, “dan a conocer al mundo” la forma en que mueren los periodistas mexicanos. Una historia repetida. Una historia que avergüenza, porque los periodistas no hemos logrado encontrar la autodefensa idónea, y dejamos en manos perversas, los duelos, las investigaciones, las leyes y nuestra libertad. Abonamos el campo de las donaciones de las ONG, que viven de los cadáveres de nuestros hermanos periodistas que van cayendo.

Debieran ser las uniones, los círculos, las redes, las asociaciones de periodistas quienes llevaran la batuta en la lucha por la libertad de expresión, y forzar la justicia expedita, pero no es así, y urge que lo sea. Urge que la lucha por el respeto a la integridad del periodista, nazca de nosotros para ser autentica, no emanada de estadísticas, sino de una exigencia de respeto constitucional en democracia.

Las manifestaciones, los señalamientos las protestas, no hacen mella en el gobierno, debemos ir más allá, conformando una lucha nacional, con presiones a los representantes ciudadanos en el Congreso, porque los periodistas no somos cobijados por la ley.

Dentro del mecanismo de protección federal, existen lagunas que debemos impugnar para agilizar las acciones de la verdadera protección, y la reintegración al empleo, a la profesión que no debemos abandonar y que el Estado debe garantizar con seguridad para su ejercicio.

Para que un caso de periodista agredido logre iniciarse en el mecanismo, debe existir una denuncia para la atracción de la FEADLE; después de eso deben transcurrir al menos tres meses para acreditar el hecho, y tomar la decisión de las medidas cautelares que procedan. Si el caso se clasifica extraordinario, entonces “gozara del beneficio” de los quince días a un mes, de acuerdo a lo saturado de expedientes, que cada vez son más.

Los periodistas entonces adquieren la calidad de desplazados, fantasmas sin derechos, desempleados, ignorados, en un plazo mínimo de tres meses que no les asegura nada. La restitución del estatus y re-inserción a su comunidad, es una mentira. El desplazado difícilmente aguantará tanto tiempo en la intemperie social.

Es obligación del Estado prestar servicio a las víctimas, y acortar los tiempos. El comité de reconocimiento en el mecanismo de protección a periodistas se realiza una vez al mes, porque debe reunir a representantes de la organización gubernamental de derechos humanos, judiciales y del congreso, quienes votan y determinan el nivel de riesgo que enfrenta el periodista, para poder entonces activar el mecanismo a su favor, con medidas que lamentablemente aún son mínimas.

Decía Mike O´Connor, “El periodista mexicano debe confiar en sus autoridades, sin embargo es poco probable que esto suceda, porque no es tanto de hombres y funcionarios o mujeres y funcionarias, sino de las leyes y reglamentos institucionales que no permiten el acercamiento y fortalecen la desconfianza, por lo tardado del proceso”.

Es en éste pantano, donde aparecen las Organizaciones no gubernamentales, ONG, a brindar su auxilio inmediato a la víctima, sacándola físicamente de la zona de riesgo, pero finalmente no resuelven nada, sólo la desplazan y abandonan después sin oportunidades. Su calidad de vida, difícilmente vuelve a ser la misma. Ser periodista en México te puede costar la vida. Mientras en estas organizaciones los líderes se apropian de tu calidad de víctima, te exhiben como “mono de circo”, mientras  se pasean en escenarios de supuesta lucha por la libertad de expresión, y mantienen los reflectores sobre ellos, apareciendo magnánimos, paternales, “clamando” por la justicia enfundados en ropas de piel de diseñadores internacionales y sonrisas hipócritas. La víctima recibe entonces sus “favores”, que debe agradecerle a “fuerza”, como la comida de ese día, el abrazo en medio de las cámaras, el apretón de mano “solidario”, por donde le entran los millones para continuar su “labor”, mientras tu periodista, sigues de estación en estación del metro, viajando de redacción en redacción en busca de alguien que te tienda la mano para seguir en lo tuyo, en tu labor informativa, la que te llevó al destierro tras salvar la muerte.

Otros como Moisés que cruzaron la Línea, dejan herederos valientes que ojalá no sean presa de la perversidad onegeriana, y cumplan con la convicción ejemplar de quien corrió el riesgo en el campo  rescatando la realidad, hasta morir por ella.

El primer aniversario de la desaparición y muerte de “Goyo” Jiménez, otro periodista veracruzano, nos recuerda una vez más la impunidad, que se reafirma con el caso de Moisés.

De periodistas de Veracruz se llena en mayor índice la estadística de agresiones. El periodista mexicano, fuera del Distrito Federal pende de un hilo, su silencio no es producto ya de la corrupción. Se ha convertido en un silencio de sobrevivencia.

Bien por Solórzano en sus palabras a Jorge, hijo de Moisés, a quien le dio la bienvenida al periodismo, recalcando el hecho de su padre, situándolo en la realidad que ha probado en carne propia y más que nadie conoce los límites a donde puede llevar su compromiso.

Lástima que el compromiso de éste tipo de periodistas sea tomado por otros compañeros, que tienen la facilidad de  escribir sobre quienes ejercen en medio de la amenaza su profesión, con el único fin de disfrutar de premios internacionales millonarios en certámenes que premian la narrativa y no el compromiso del ejercicio periodístico al que son ajenos, pero que aparentan pertenecer, desde los foros que solo se abren para sus gavillas y no para la auténtica voz de la víctima. Esa gente confunde a la ONU a la CIDH a la sociedad. No son víctimas, son buitres que viven del compromiso periodístico de otros, de esos que no son famoso hasta que mueren.

Cuestión de conciencia.

Hasta siempre Moisés!

 

 

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