El mundo ve un México comprometido y transparente en la investigación de los 43 normalistas: SRE

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diario19.com

 

Luego de los “actos de barbarie” que el mundo percibió con la desaparición de los 43 normalistas en Ayotzinapa, Guerrero, México ha reforzado su estrategia de política exterior en la que refrenda su compromiso de un país respetuoso de los derechos humanos y que también da la bienvenida a la crítica para renovarse, aseguró el secretario de Relaciones Exteriores, José Antonio Meade.

Meade ha salido a la palestra frente a los medios internacionales, y algunos mexicanos como las televisoras de mayor audiencia, diarios de la Ciudad de México y portales de internet de “rankin” fuerte. La Política de de comunicación del gobierno mexicano, busca restituir la imagen que Peña nieto tenía hasta la segunda semana de Septiembre, cuando aparecía como el Héroe Nacional en portadas como Time, y en editoriales que hacían referencia a su gran visión financiera, alabando las reformas que lleva a cabo.

El Caso Iguala, con la matanza del 26 de septiembre y la desaparición de los 43 normalistas, dieron un vuelco a la imagen de Peña Nieto, que negando la violencia con una orden de silencio a todos los medios de comunicación de paga en el País, metía bajo la alfombra el poder del crimen organizado que por regiones, sostiene el mando y sometimiento además de la disidencia, aún a través de partidos políticos diferentes al que lo empoderó.

Así en su turno con EL UNIVERSAL, Meade asegura que lo que el mundo ve en México no es un país de impunidad, atrasado y que viole los derechos humanos, sino una nación comprometida en resolver de manera transparente y eficaz la investigación de este caso, así como la nación que hace reformas para erradicar la impunidad y mejorar la procuración de justicia.

Previo a la XXIV Cumbre Iberoamericana en Veracruz, adelanta que se plantearán diversas iniciativas para jóvenes. Niega que dentro de la coyuntura que se vive en México, donde multitudes han tomado las calles para protestar por la desaparición de estudiantes, el tema de la cumbre sea frívolo, pues desde este espacio se ofrecerán elementos de educación, innovación y cultura para construir condiciones de paz, no sólo en México, sino en toda Iberoamérica.

¿Cómo llega México a la cumbre?

—Con mucho trabajo para ser anfitrión de una cumbre que tiene una importancia singular: es la primera que se da después de un proceso de reinvención. Luego de un proceso de consulta amplio se decidieron varias cosas alrededor de la cumbre, que fuera bienal en vez de anual, que se concentrara en la cultura, educación e innovación, e implicó un proceso de renovación en la Secretaría General Iberoamericana a la que mucho le había aportado Enrique Iglesias y a la que ahora, estamos seguros, mucho habrá de aportar Rebeca Grynspan. Eso implica que esta cumbre sea, desde alguna perspectiva, un relanzamiento, por cuanto a formato, por cuanto a contenido.

¿Cuáles serán las propuestas?

—La cumbre ha buscado a lo largo de este año generar espacios de diálogo alrededor de cultura, innovación y educación. Hay otros espacios que también habrán de enriquecer la cumbre con resultados específicos, en una comunidad iberoamericana joven. Eso implica movilidad, becas, fomento a espacios iberoamericanos de arte, cocina y mejores prácticas para apoyar esos proyectos.

¿Cómo México llega, en un contexto de inconformidad, por el caso Ayotzinapa?

—Llega en un momento donde hay mucha conciencia, en México y en Iberoamérica, de la importancia de generar condiciones para una Iberoamérica también en paz.

Las distintas naciones enfrentamos retos alrededor de varios temas. México los tiene, también, de manera particular y una cumbre que se preocupe por generar una política pública alrededor de los jóvenes sobre la base de estos tres pilares, va a ayudar hacia ese sembrado de iniciativa, hacia ese trabajo de corto y mediano plazos que tenemos que hacer en el país.

Si bien la agenda de la cumbre está planeada con anticipación, ¿no es un contrasentido o pudiera haber una lectura frívola al promover iniciativas para jóvenes, cuando justo en México hay una juventud enojada que está inmersa en una crisis de inseguridad relacionada con cárteles de narcotráfico vinculados con autoridades?

—Yo creo que al revés. Es especialmente oportuno que Iberoamérica se congregue alrededor de temas que son importantes para nuestro desarrollo, que son importantes para nuestros jóvenes, que son importantes para la construcción de nuestro futuro.

El trabajo que se ha venido haciendo de tiempo para preparar la cumbre por la Secretaría General Iberoamericana es especialmente oportuno para la coyuntura, porque busca ofrecer, dentro de la construcción de políticas públicas, mejores y mayores elementos para generar un entorno, insisto, conducente a una apertura, una educación, innovación más vibrante de Iberoamérica y así aportar los elementos que permitan generar mejores condiciones de paz.

¿México, desde la presidencia pro témpore, está pensando en promover algún pronunciamiento regional en este sentido o alguna iniciativa que atienda casos como el de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa?

—El objetivo de la cumbre, su razón de ser y su espacio natural es, justamente, la educación, la cultura y la innovación. Todo el esfuerzo que ahí se hace tiene un impacto en las condiciones de desarrollo de la juventud y tiene en mente la necesidad y la importancia de estos elementos para contribuir a generar, insisto, este entorno de paz.

Si bien la cumbre no es el foro para esta discusión, ¿habrá algún planteamiento que vaya orientado en este sentido o no lo habrá?

—En general, los temas de educación, innovación y cultura tienen enorme relevancia y gran pertinencia frente a los retos que hoy se enfrentan en México, frente a los retos que hoy se enfrentan en la Cumbre Iberoamericana, en un contexto, por cierto, en donde el tema de Iguala, pues es un tema en el que México ha sido actor y transparente, también, en el mundo.

Es un tema al que se ha sumado a invitación de México la Comisión Interamericana de Derechos Humanos; en el que han participado —a invitación de México— expertos forenses de diversas latitudes, especialistas argentinos, de Chile y europeos. México ha dado la cara frente a las familias, frente a la sociedad mexicana y ha informado de manera permanente cómo se va avanzando en la transparencia y en la eficacia de una investigación que continúa abierta.

¿México ha tenido que cambiar su estrategia de política exterior ante al mundo a partir de Ayotzinapa?

—México ha venido reforzando esa estrategia de política exterior. De tiempo atrás, ha hecho un compromiso con un país respetuoso de los derechos humanos, con un país activo en su promoción y su defensa; con un país que ha dado la bienvenida a la observación, al análisis, incluso a la crítica, en un ánimo permanente renovado.

Lo que ahora sucede valida la importancia de que México permanezca abierto, permanezca vigilante y refrende su compromiso con la vocación que queremos construir, un México en paz y un México que tenga siempre respeto en derechos humanos.

Se hablaba del momento mexicano, de que el país avanzó en sus reformas. Hoy sectores miran, con lo de Ayotzinapa, como si se hubiera quitado un velo, mostrando un México de impunidad, atrasado y en el que se violan derechos humanos. ¿Cuál es su opinión?

—México es la catorceava economía más grande del mundo, es un país diverso que se empeña en transformarse en todos los sectores; México es un país que acusaba en su regulación en muchos de estos temas, muy importantes rezagos y que hoy tiene una mejor plataforma de crecimiento. Entre los rezagos que tenía era la necesidad de fortalecer también sus instituciones.

Y hoy lo que el mundo ve en México es un país comprometido también a hacerlo. No solamente en resolver de manera transparente y verificar la investigación, todavía en curso en Iguala, sino de hacer las modificaciones y las reformas estructurales también en materia de seguridad y de impunidad. Yo creo que lo que está viendo el mundo en México es un país que, de frente a los retos que enfrenta, está planteando también hacer las adecuaciones necesarias para, en ese terreno, encontrar mejores vías también de crecimiento y de desarrollo.

¿Quienes piensan en un México de impunidad, retraso y violación a los derechos humanos están equivocados?

—Quienes piensan esto, lo que ven es un México que hace un esfuerzo por transformarse en ese sector como se ha trasformado en otros. Lo que ven es un México que ha venido transformando la estructura de su economía y que hoy quiere transformar también la estructura de su procuración de justicia.

¿Cómo explica a sus homólogos la crisis que se está viviendo en las calles, si también es un reflejo de lo que se está viviendo en México y la violencia específicamente?

—Ellos y nosotros son testigos de un país democrático, de un país que exige, de un país deseoso de transformaciones y de cambios, deseo que comparte el gobierno y la administración y deseo que está atrás de las iniciativas que se han presentado, en un contexto, en donde parte de esa expresión democrática tiene que ver y el gobierno ha creado condiciones también para que así suceda, con la manifestación de inconformidad, con la manifestación de dolor, con la manifestación de indignación que gobierno y sociedad, insisto, compartimos y que así se ha entendido en las regiones.

En estas manifestaciones hemos visto la participación de extranjeros, muy específicamente lo evidencia el caso del chileno Laurence Maxwell.

¿Qué decirle a esos extranjeros que también están indignados?

—Que se opine sobre las cosas buenas que está haciendo México y que se opine sobre los retos que México enfrenta, pues es un proceso que no enriquece en nuestro propio proceso de toma de decisiones.

¿Incluso con manifestaciones violentas?

—En las manifestaciones violentas, en la medida en que la ley se violente como en este caso, pues lo que sucedió fue que con absoluta transparencia fue que se puso a disposición de un juez. Esperamos que en este caso y en subsecuentes se actúe igual.

 

Con información de El Universal

 

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