Un grito enmarcado por rechiflas, insultos y leyendas no inmutó a la familia Peña-Rivera

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diario19.com

 

La familia presidencial en el balcón de Palacio Nacional. Foto: J. Raúl Pérez

Por primera vez en lo que va de su gobierno, Enrique Peña Nieto recibió rechiflas e insultos durante la noche del Grito. Una línea de jóvenes se apostaron y con camisetas desplegaron leyenda Peña asesino, acción que no pudieron evitar los triples retenes que incluyeron al Estado Mayor presidencial, que revisaba hasta niños y carreolas.

La plancha del Zócalo dio cabida no sólo a los acarreados del Estado de México, como los dos años anteriores sino a ciudadanos que acudieron al derecho patrio, quienes fueron ubicados en la parte más lejana al Palacio Nacional. Los acarreados tienen siempre los lugares más cercanos que son los que ve el presidente y toman las cámaras de televisión de la Presidencia.

Frente al balcón central del Palacio Nacional, los contingentes mexiquenses tomaron sus puestos desde temprano para observar de frente a los artistas convocados a la celebración que aparecieron en el enorme escenario colocado en torno al astabandera y a media vuelta para ver al mandatario lanzar la arenga tradicional de vivas y teñir la campana.

Minutos después de concluir la presentación de la Arrolladora Banda Limón, una formación militar dio el tres de Diana, mientras la transmisión en pantallas gigantes mostraba al presidente aproximándose al balcón.

Peña Nieto de traje negro portando la banda presidencial y su esposa, Angélica Rivera, con un sofisticado vestido de tono beige y dorado, aparecieron y despertaron la rechifla y el popular coro de los estadios de futbol ¡Eeeeeeeeh puto!

Los gritos y silbidos de rechazo sólo cesaron cuando Peña Nieto pronunció los vivas y se entonó el Himno Nacional: él, con gesto adusto; Angélica con la sonrisa en los labios.

Entregada la bandera a una escolta de cadetes, la rechifla volvió con otro grito adoptado del futbol: ¡Culeeeeero!, repetido varias veces hasta que la transmisión se cerró e inició la pirotecnia.

En los dos años anteriores el Zócalo capitalino fue tomado por contingentes de acarreados del Estado de México, sin que se permitiera el acceso libre a ciudadanos que deseaban participar de la conmemoración fundacional del país y, a diferencia de hoy, prevalecían en el Zócalo vivas y porras a Peña Nieto.

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